Ayuda a Cuba: sosteniendo una economía de penuria
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Publicado en El Mercurio, 21.04.2024
Publicado en El Mercurio, 21.04.2024 José Tomás Vicuña U. escribió a su diario sorprendido por los resultados de la encuesta Bicentenario. Para él es sorprendente que los chilenos crean que existe un conflicto entre los inmigrantes que han llegado a Chile en los últimos años y los chilenos. Se sorprende, dice, porque en la misma encuesta se ve que son pocos los chilenos que han tenido malas experiencias con ellos, entre los que él se incluye, por supuesto.
Vicuña culpa de esta percepción a los medios: distorsionarían la realidad. La verdad es que José Tomás Vicuña U. debería dejar de sorprenderse y darse cuenta, de una vez por todas, que vive dentro de dos burbujas, una en la vida real, en su casa, en su trabajo y su alrededor, lejos de los problemas con la inmigración y juntándose quizás con inmigrantes del JPMorgan, del Guardian u OXFAM, y otra en la esfera mental, en su postura jesuitoide de buena persona, que entendería mejor la realidad que todos los demás, toda esa tropa de no-jesuitas malvados herejes. Vicuña, como líder del Servicio Jesuita de Migrantes, lo único que hizo fue empeorar nuestros problemasen Chile con sus actos, impidiendo la expulsión de delincuentes, y con sus discursos, llegando a decir que el asesino de Alejandro Correa en Con-Con no había sido un sicario colombiano, sino que «la sociedad», el epítome del discurso bondadoso frenteamplista. Yo no sé cómo Vicuña tiene el tupé, en la misma carta, de exigir menos «cuñas para la galería». Su carta completa es un auto halago de bondad mesiánica moderada, una estatua de la seudosensatez.
Esta expandida actitud posera y jesuitode de creerse buena persona lo único que hace es cortar el diálogo, ya que elimina cualquier juicio o reflexión basada en la razón. Al más mínimo análisis racional o ajustado a los hechos, se le acusa de malulo. Es, al final, una decadencia absoluta y lamentablemente una de las principales causas de los problemas de convivencia política y social que tenemos en Chile y el mundo. Además, eso de andar viendo demonios por todos lados, habla más de los videntes que de los supuestos demonios. En fin, o nos enderezamos y usamos la cabeza, o simplemente la perderemos. En Chile nos queda poco tiempo.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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