Ayuda a Cuba: sosteniendo una economía de penuria
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Publicado en El Líbero, 27.02.2026La polémica en torno al proyecto de China Mobile International ha tomado giros tan interesantes como peligrosos para la soberanía nacional. Evidentemente, es un caso que, además de reflejar la falta de transparencia y probidad que ha destacado a la actual administración, escenifica la mentalidad del gobierno de Gabriel Boric. Esta mentalidad–que no es ningún secreto– se caracteriza por su adolescencia perenne, cuya exacerbación, artificial e inadecuada, les impide comprender la realidad concreta, la cual termina explotándoles en la cara, para luego, hacerlos esconder el desastre debajo de la alfombra. Ahora bien, esta especie de metáfora denota cierta inocencia, propia de un niño que rompió una reliquia importante o de un adolescente entrando a hurtadillas fuera de la hora establecida. Sin embargo, al proyectarse en el gobierno, se hace evidente una intencionalidad que revela impulsos narcisistas a la hora de entender sus roles como supuestos servidores públicos.
El caso del cable chino viene a concluir cuatro años de una administración que convirtió la impericia y la desprolijidad en un hábito, pero, además, las utilizó como fachadas para esconder sus evidentes malas prácticas (como lo fueron los casos de la compra y venta de la casa de Allende, el caso Monsalve, los errores de cálculos fiscales, entre otros). Asimismo, cuando el presidente desvía la atención atacando el «imperialismo» estadounidense y defiende la acción del ministro Muñoz, por ejemplo, está simplemente demostrado que para él la moral está sujeta a sus propias inclinaciones.
«Este infantilismo, posiblemente, es lo que hoy se configura como una de las principales amenazas a los valores democráticos, permitiendo el avance cínico y solapado de serias pulsiones autoritarias».
Ni el presidente, ni su equipo han demostrado un mínimo compromiso con la verdad, y esto se explica en gran medida porque no ven sus cargos como espacios de representación de la institucionalidad, donde se encuentran al servicio de la nación. Sino, los comprenden como depositarios de la propia individualidad, lo que diluye los límites entre ellos mismos y sus investiduras. Esta in-mediatez ingenua, como la describe Daniel Mansuy en Inocentes al Poder, elimina las distancias entre la realidad y su propia voluntad, llevándolos a cometer errores garrafales contra la institucionalidad democrática. Pero, además, explica muy bien el fenómeno de la inocencia: esta no admite interrogaciones y es intrínsicamente apologética, porque «no puede– no sabe– ser responsable» (Mansuy, 2025). Personalmente le agregaría: no quieren hacerse responsables, simplemente quieren que se haga su voluntad.
El actual gobierno sabía del proyecto con China, sabía también de previas protestas de Estados Unidos y mintieron hasta que la verdad se hiciese innegable. Lo que está ocurriendo con esta transacción pone en entredicho nuestras relaciones bilaterales y multilaterales, exponiéndonos gravemente en el concierto internacional. Por su puesto, no se trata de doblegar nuestra soberanía ante cualquier capricho de una potencia extranjera, pero sí de comprender nuestras posiciones geopolíticas y estratégicas; lo que (ahora sí) se entiende como una verdadera política de Estado, que trasciende el mero gobierno de turno. Cualquier otra conclusión es mero infantilismo y tozudez, ambos vicios que han llevado al presidente a avergonzarnos frente al concierto internacional, ante el mayor agente de la hegemonía mundial. Este infantilismo, posiblemente, es lo que hoy se configura como una de las principales amenazas a los valores democráticos, permitiendo el avance cínico y solapado de serias pulsiones autoritarias. Gabriel Boric y su gobierno son conscientes de sus actos y semejantes resultados no son efectos de la impericia. Todo lo contrario, son cabos sueltos de un intento por imponerle a Chile elementos de una agenda impopular y fracasada, en el triste intento por construir la idea de una especie de legado.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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