Adam Smith: el intelectual de las masas
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Publicado en El Mercurio, 15.03.2026
Publicado en El Mercurio, 15.03.2026 Isabel II de España, hija de Fernando VII, gracias a la derogación de la ley sálica, reinó su país desde muy joven y por más de 30 años. Tuvo la mala fortuna que la casaran con un doble primo hermano, Francisco de Asís (no el santo claro está) que, además de ser un homosexual declarado y, al decir de la corte, en la noche de bodas él lució más encajes que ella. Ante esa realidad, doña Isabel se dedicó a coleccionar amantes y tuvo 11 hijos, de los cuales solo 6 sobrevivieron. Y se dice que nunca tuvo dos seguidos del mismo padre. Sin embargo, era católica devota y defensora de la Iglesia. Nadie definió mejor sus contradicciones vitales que el propio papa Pío Nono, quien dijo: «E puttana ma pia».
Hemos presenciado un nuevo cambio de mando. Se nos va don Gabriel Boric y esto nos hace reflexionar sobre su presidencia. Es una persona llena de las contradicciones propias de un carácter en formación, tanto que asumió con la primera dama y salió con la segunda. El ex presidente es curioso y pregunta cuando no entiende. Sabe que no sabe y eso habla de humildad. No es intelectualmente soberbio, pero sí lo es políticamente. No es una mala persona, es simpático y humano. Es más poeta que ejecutivo. Cuando los agricultores abrumados por la sequía le plantean que hay que acumular el agua en embalses, él contesta en forma poética que hay que dejar que los ríos lleguen al mar. Habla bien de él esta ambivalencia de estar al timón de un cargo que demanda conocimiento, experiencia y decisión, pero no tener ninguna de esas habilidades y, sin embargo, haber sobrevivido. Y también de nuestras instituciones que son resilientes ante la ineptitud.
«Gabriel Boric es un político humano y eso habla bien de él. Pero no basta con eso para ser presidente. Sin tener ninguna formación profesional ni competencias, le tocó asumir un cargo para el cual no estaba preparado y que nunca llegó a habitar del todo».
La democracia no sirve para todo. Si un avión en vuelo pierde a su piloto, no hay que elegir por mayoría al reemplazante sino preguntar si hay otro piloto en el avión y pasarle a ese la caña. En democracia se supone que las trayectorias vitales, las carreras al interior de los partidos, empresas, gremios etc… van seleccionando personas elegibles para ir subiendo en el cursus honorum de la República. Ese es un proceso largo. Sin embargo, en el caso de don Gabriel Boric, hizo un fast track y se vio elegido para un cargo que requería mucha más experiencia, conocimiento y profesionalismo que el suyo. Y como Boric no es leso, hizo lo que cualquiera haría a cargo de pilotear un avión: no tocar nada y en su caso discursearía, leería poesía, perseguiría a las azafatas; abriría el bar y haría cualquier cosa, menos mover alguna palanca que lo estrelle. Y como el avión iba en piloto automático y le quedaba bencina, lo logró. Pasamos 4 años en que estamos a la misma altura, con menos combustible, pero vivos.
Ahora elegimos un piloto y una tripulación que ha seguido la ruta lógica en la formación de un político. Esta tiene 4 fases: la primera es condolerse y rebelarse contra un mundo imperfecto y con injusticias; la segunda, es preguntarse cuáles son las causas de esas injusticias, lo que requiere estudios de historia, filosofía, economía, geografía, etc…; en seguida hay que entender cómo se solucionan esas injusticias y comprender cuales son la herramientas más eficaces y eficientes para enfrentarlas. Y lo último que es la que requiere más sabiduría: aprender a reconocer que hay algunas con las que hay que saber vivir. A don Gabriel lo elegimos presidente cuando estaba en la fase de la rebelión y a medio camino de comprender las causas. Pero no llegó a acometer el desafío de discernir o discurrir las soluciones. Y como Dios protege a los inocentes, nos salvamos de enfrentar una catástrofe con él a cargo. No fue capaz de enfrentar un incendio en Viña. Imagínenselo frente a una pandemia o un terremoto. Los 33 de la mina San José tuvieron suerte que les tocara Piñera a cargo, con su capacidad de organización y decisión. Con Boric seguirían ahí y hubiéramos llorado todos con su discurso fúnebre.
Gabriel Boric es un político humano y eso habla bien de él. Pero no basta con eso para ser presidente. Sin tener ninguna formación profesional ni competencias, le tocó asumir un cargo para el cual no estaba preparado y que nunca llegó a habitar del todo. Don Gabriel prefiere la política que la gestión y el carrete que el trabajo. Como tantos políticos latinoamericanos, es bueno para hablar y malo para hacer. Boric quiso ser un presidente bueno más que un buen presidente y, la historia, dirá si lo logró.
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