No deja de sorprender que la misma izquierda posmoderna, relativista, anticristiana y tribalista que Habermas descalificaba, llore su partida como si hubiera sido uno de los suyos.
A ellos, esforzados en demoler los fundamentos morales y sociales de nuestra civilización, vale la pena dedicarles una reflexión del pensador alemán: «El igualitarismo universalista, del cual surgieron los ideales de libertad y una vida colectiva solidaria, la conducta autónoma de la vida y la emancipación, la moral individual de la conciencia, los derechos humanos y la democracia, es el legado directo de la ética judaica de la justicia y la ética cristiana del amor. Este legado, sustancialmente sin cambios, ha sido objeto de continua apropiación crítica y reinterpretación. Hasta el día de hoy, no hay alternativa. Y a la luz de los desafíos actuales de una constelación posnacional, seguimos recurriendo a la esencia de este patrimonio. Todo lo demás es palabrería posmoderna inútil».
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