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Feminismo, censura y fracaso Publicado en El Líbero, 30.01.2026

Feminismo, censura y fracaso

imagen autor Autor: Antonia Russi

La desleal polémica protagonizada por ciertos políticos del oficialismo en contra de la futura ministra de la Mujer, Judith Marín, no solo da cuenta del desenlace patético del progresismo chileno, sino que demuestra sus verdaderas intenciones en política. A pesar de que diputadas oficialistas , como Emilia Schneider, intenten negar sus dichos cancelatorios contra Judith Marín, no deja de sorprender la persistente hipocresía proveniente del supuesto oficialismo feminista. Autoridades como Karol Cariola, Daniella Cicardini y Vlado Mirosevic no demoraron en descalificar a priori a la futura ministra, denominándola exorcista, antimujeres, homofóbica y fanática. Por supuesto que los congresistas de izquierda tienen todo el derecho de opinar sobre las diferencias de visiones; pero intentar invalidarla por sus creencias religiosas que, por muy radicales, no la convierten en fanática; es un juego absolutamente antidemocrático.

Además, del ya reconocido desdén del progresismo chileno por los principios de la igualdad de participación, libertad de conciencia y respeto cívico real; el problema está en que la izquierda chilena se cree única dueña de la cuestión de la mujer. Para ellos, la «lucha feminista» es monopolio de su ideología, a pesar de que han sido sus políticas las que han diezmado la calidad de vida de las chilenas. Uno de los grandes fracasos del feminismo como movimiento global ha sido refundarse desde el germen académico y elitista que lo ha alejado de la realidad femenina a lo largo del mundo.

«Las chilenas saben lo que necesitan y no es necesariamente más talleres de ideología de género y de empoderamiento femenino».

En sus primeros momentos, el feminismo buscó la concepción femenina de la ciudadanía, lo que implicaba salir del estado de interdicción política, civil y cultural, para ser considerada sujeto de derechos en su plenitud, es decir, derechos y deberes. Asimismo, en aquellos primeros países donde el feminismo consiguió el voto y el acceso a la educación de las mujeres, su inmersión en la vida pública fue imparable. Ahora bien, fue esta libertad, no solo política, sino de pensamiento, lo que obligó al feminismo a entrar a una época de inmersión, en los años 80, promovida por las duras críticas del mismo movimiento. Esto y el giro conceptual, inspirado por los trabajos de Simone de Beauvoir en la década de los 50, produjo la idea de que la lucha debía conquistar esferas más abstractas de la vida de las mujeres, lo que concluyó con la consigna, que hoy tanto las enceguece, de «lo personal, es político». En este momento el feminismo se entrampó en «sofisticadas» discusiones académicas sobre el cuerpo, las relaciones de los sexos y las estructuras de poder sexuales, sobredimensionando el rol de la política en discusiones que, en realidad, nunca fueron de su jurisdicción.

Un ejemplo de ello lo experimentamos en nuestro país, cuando el supuesto «gobierno feminista» fracasó en uno de sus ideales principales, al conspirar con su silencio, en favor de un presunto abusador sexual en la Moneda. Fue este gobierno el que fue incapaz de cumplir con sus propias expectativas, inspiradas en la consigna del «amiga yo te creo».

Sin embargo, este caso se suma a otros fracasos del feminismo de género para responder a los problemas reales de las mujeres. Es menester recordar, en 2025, el desempleo femenino alcanzó el 10% y que, desde 2024, 6 de cada 10 mujeres reportan sentirse más inseguras en las calles, al punto de limitar su autonomía. Como se puede ver, existen otras prioridades, además del aborto, para las ciudadanas chilenas; elementos que el feminismo es incapaz de ver y atender. Para los detractores de Judith Marín, la ofensa no está realmente en el nombramiento de su persona, sino en la evidencia de sus propios fracasos para validar una bandera de lucha, que a su juicio, les pertenecía. Las chilenas saben lo que necesitan y no es necesariamente más talleres de ideología de género y de empoderamiento femenino. Y es por ello que, es muy posible que hoy, busquen representación en autoridades que les garanticen lo que a todo ciudadano se debe como sujeto de derecho: igualdad ante la ley, libertad, orden y progreso. Judith Marín tiene la posibilidad de leer adecuadamente estas necesidades y aportar en la prosperidad integral de la ciudadana chilena, lo que sus predecesores fueron incapaces de proteger.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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