Si algo pudimos aprender del primer aniversario del 18-O, es que se necesitan muy pocas personas para destruir un país.
La violencia, provenga del lugar que sea, debe ser repudiada, pues el justificar el extremismo, genera inexorablemente un extremismo opositor.
Tras el incremento en el numero de detenciones no necesariamente hay disminución de la delincuencia. Solo hay efectividad, pero no un país más seguro.
Vaya paradoja: ante el descrédito de alguien, mayor poder para él.
Esta es una semana usualmente nefasta para el país debido a la forma en que tienden a conmemorar la historia […]
«El progreso no es una bendición ininterrumpida. A menudo viene con sacrificios y luchas»
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