Ninguna región de Estados Unidos evoca más la fantasía de los extranjeros que California.
La identidad es como el fuego. Resulta fundamental para nuestra vida en sociedad, pero su instrumentalización política implica un alto riesgo de sufrir quemaduras.
En los últimos diez años el establishment ha construido consensos culturales impulsados por la agenda progresista. Quienes hoy se movilizan son justamente quienes fueron excluidos de esos acuerdos. Literalmente excluidos.
«La libertad es un derecho humano fundamental, sin él no hay vida digna»
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