OPOSICIÓN

Desde el 18 de octubre, los partidos de la ex Concertación han adoptado un mantra frente al gobierno: cualquier cosa que propongan es insuficiente, mala, improvisada, entre otros, porque el Gobierno no tiene legitimidad ante el pueblo chileno, y ellos, cegados por la ambición, se han proclamado defensores de la voluntad de la ciudadanía, siendo que sólo un 10% aprueba su actuar durante la pandemia.

Medio año más tarde, cuando Chile y el mundo cursan su peor crisis del último siglo, estos partidos optan por mantener firme su postura, creyendo ilusamente que así ganarán no sólo apoyo, sino también más poder (en forma, por ejemplo, de “parlamentarismo de facto”, como dijo el entonces presidente del Senado, Jaime Quintana). Pero, al parecer, la ex-concertación se engolosinó demasiado con su propia percepción y olvidó consultar a sus electores. Porque, de lo contrario, ¿cómo se explica su negativa inicial ante las cajas de alimentos del Gobierno cuando, según la encuesta Cadem, 81% aprueba dicha medida? ¿De qué clase de “legítima representación” estamos hablando? No es obstruccionismo el mejorar los proyectos; esa es la pega. Pero oponerse a priori al Gobierno califica de sobremanera.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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