Incompetente pero humano
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Autor: Juan Lagos
Señor Director:
Los resultados de la encuesta '¿Qué piensas de la corrupción en Chile?' realizada por la Contraloría General de la República deben interpretarse como una campanada de alerta sobre el futuro del prestigio institucional de nuestro país. Si hasta hace muy poco tiempo era habitual considerarnos como un caso excepcional en la región, hoy un 77% de los encuestados cree que Chile es un país corrupto o muy corrupto, mientras que solo un 3,6% considera que es poco o muy poco corrupto.
Esta percepción pesimista puede ser en parte explicada —como bien señaló el historiador chileno Patricio Silva— porque el temor de convertirse en un país corrupto explica la sobredimensionada reacción que a menudo muestra la ciudadanía ante escándalos que involucran a funcionarios públicos. Los chilenos han demostrado poseer un bajo nivel de tolerancia hacia la corrupción. (La República virtuosa: probidad pública y corrupción en Chile, p. 273).
Sin embargo, del pesimismo a la resignación hay un paso. Tan errado como considerarnos inmunes a la corrupción es asumirla como una fatalidad, porque de estas últimas solo nos salvan los escogidos, cosa que en materia política nunca ha traído buenos resultados.
El llamado es, entonces, a seguir confiando en las instituciones como las herramientas más eficaces, tanto para evitar los actos de corrupción como para combatirlos.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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