Incompetente pero humano
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Publicado en La Segunda, 03.02.2025
Publicado en La Segunda, 03.02.2025
La escultura «El Pensador» de Auguste Rodin simboliza la esencia de la libertad individual, la capacidad de cuestionar, reflexionar y forjar nuestras propias ideas. Para el liberalismo, esta libertad de pensamiento es la base de una sociedad abierta y próspera. Sin embargo, hoy vemos cómo se intenta imponer una homogeneidad intelectual desde diversas trincheras ideológicas, partiendo por el control estatal sobre la educación hasta la cultura de la cancelación en redes sociales, limitando el derecho a disentir.
Defender la libertad de pensar es defender la posibilidad de elegir, de innovar y de construir un futuro mejor. «El Pensador» nos recuerda que el verdadero poder no está en el control de las masas, sino en la mente de cada individuo que se atreve a cuestionar. Si renunciamos a este derecho fundamental, abrimos la puerta al conformismo y al autoritarismo. Como sostenía Alexis de Tocqueville, la tiranía no siempre se impone con violencia, sino con la lenta erosión de la independencia intelectual.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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