Un Estado para adultos
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Publicado en La Tercera, 04.11.2019
Publicado en La Tercera, 04.11.2019
Autor: Eugenio Guerrero
Imagine a un chileno nacido en los años 80 y 90 del siglo pasado, un millennial. Este ciudadano -o ciudadana- puede darse el lujo de haber superado la calamidad de la pobreza que asolaba a Chile 70 años atrás con cifras cercanas al 65%. Su ingreso es cuatro veces mayor que un compatriota nacido en los años 20, vive cuarenta años más y su tiempo de escolaridad se multiplicó por cinco. Esta persona incluso podría celebrar que su país, al igual que Uruguay, ha reducido la pobreza más rápido que todo el resto de Latinoamérica.
¿Y qué hablar de la desigualdad? Chile, al igual que Brasil, Taiwán y España está reduciendo su desigualdad rápidamente en las generaciones más jóvenes. En general -después de pagar impuestos y considerar el gasto social-, Chile tiene menor desigualdad que Colombia, Honduras, Paraguay y Costa Rica. Es cuestión de asomarse en nuestro problemático barrio y darse cuenta de que ese chileno, nacido en los años 80 y 90, es el más próspero de toda la región.
¿Podría imaginar un Chile con alta movilidad social? Ese es el Chile de hoy, una nación con mayor movilidad social entre generaciones que países como Alemania, Francia, Italia y Estados Unidos. ¿Quién iba a imaginarse que casi cien años después de un Chile pobre, violento y desigual, tendría una movilidad parecida a la del Reino Unido?
Este es el Chile que parece estar siendo olvidado. Un Chile esforzado que le costó más de treinta años construir su prosperidad y estabilidad institucional. ¿Qué nación cercana no quisiera al menos una porción de este Chile olvidado?
Frente al humo de las barricadas, la algarabía y el bullicio, en medio el arrebato juvenil violento y las pasiones que se tomaron las calles estos días, las que salen perjudicadas son las demandas legítimas en un país democrático. No hay espacio para el diálogo cuando la violencia rompe la mesa.
Jorge Luis Borges manifestó que “el olvido es la única venganza y el único perdón”, ¿pero que perdón habrá en el olvido de nuestros grandes logros? ¿habrá perdón si olvidamos la posibilidad de sentarnos a vislumbrar juntos nuestros grandes desafíos?
Para todos los estándares etarios, yo también soy millennial. La diferencia es que nací en Venezuela y presencié en primera persona cómo un país próspero se derrumbó por haber olvidado las virtudes de su progreso y los desafíos necesarios para abandonar la dictadura del subdesarrollo. Escogí a Chile por ser una nación libre, pujante y con reglas claras. Todo lo que hoy está en duda. Y claro, nadie valora lo que tiene hasta que lo pierde. Esperemos que este no sea el caso.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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