Un Estado para adultos
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Publicado en La Tercera, 22.06.2017
Publicado en La Tercera, 22.06.2017
Autor: Fernando Claro
La presidenta Bachelet terminó su último discurso anual con una pomposa frase en contra la desigualdad, coronando a ésta como la reina de todos los males y como el principal móvil que habría tenido su Gobierno para actuar. Por otro lado, durante estos últimos días, y marcando una diferencia con la presidenta en su época de candidata, los actuales aspirantes a presidir el país sí han dado entrevistas para intentar transmitir, unos más que otros, lo que piensan, pero coincidiendo en algo con Bachelet: la desigualdad es un problema.
"Es grave y la peor de las injusticias, pero eso no es desigualdad, es injusticia."
Que existan pobres y ricos y, para qué decir, gente muy rica, sería un gran problema, 'el' problema del país. Ante esto, recordé cuando, hace unos meses, tuve la suerte de ver una Ópera de Nueva York, pero no allá, sino que acá, en Providencia, Santiago. Es decir, quien antes vendía tickets a 500 o 1000 personas ahora le estaba vendiendo a gente en Santiago, La Paz y Caracas, multiplicando el público y obviamente, sus millones. ¿Es un problema acaso que ese productor y los artistas sean ahora millonarios debido a esta tecnología? Me imagino que estamos de acuerdo en que no, que no es un problema ni menos algo anti-ético. Bien por ellos, los millonarios. Igualmente, si un día conozco a un obsesivo hombre de acción que está desarrollando una gran 'aplicación' o vende hormigón y se está llenando los bolsillos de millones, bien por él. Mi único juicio, o prejuicio más bien, será pensar que probablemente sea un latero y, por lo tanto, nunca iría a tomar unas cervezas con él, ya que personalmente encuentro depresivo escuchar sobre clavos y hormigones y, mucho peor, sobre 'las novedades' relativas a innovación y Sillicon Valley. Ahora, esto no quiere decir que la pobreza no sea un problema político. Lo es, y grave. Y para eso están los impuestos a lo más ricos, y el Estado. Además, tampoco quiere decir que no sea un problema que existan millonarios que hayan usado información privilegiada, que hayan impedido la competencia mediante regulaciones o que practiquen cohecho: es grave y la peor de las injusticias, pero eso no es desigualdad, es injusticia.
Durante estos últimos diez o quince años la diferencia de significado entre estas dos palabras se ha ido perdiendo, sino desapareciendo. En abril unos psicólogos publicaron en la revista Nature que a las personas en realidad les 'molesta algo que se confunde con desigualdad: injusticia económica' y que sería útil entonces empezar a 'distinguir claramente entre desigualdad e injusticia'. ¿Por qué hablar de desigualdad cuando en realidad se está hablando de justicia? ¿Habrá que ceder? En épocas revoltosas esto no ayuda, y solo confunde. Históricamente, ¿siempre ha cambiado el significado de las palabras a tal nivel? Parece que sí, que hable el lingüista, yo no sé.
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Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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