Ahora que estamos ad portas de ver el cambio de mando presidencial, que se realizará el próximo 11 de marzo, es pertinente hacer una evaluación y análisis crítico de lo que fue el Gobierno del Presidente Sebastián Piñera.
La relación entre individualismo y generosidad es una materia difícil de analizar y ha marcado el desarrollo de la filosofía moral y de la economía política.
Sabemos que los jóvenes son el futuro de un país, pero estos también son su presente. Es por eso que muchos de ellos se consideran los principales agentes de cambio y de progreso en una sociedad.
Resulta paradójico ver a ciertos ‘liberales clásicos’ hoy tratando de justificar el egoísmo como una virtud, volviendo al trabajo de Rand y Mandeville, a sabiendas de que esto sólo llevaría a la degradación moral del mismo orden que ellos supuestamente pretenden promover.
Hace casi 90 años el gran intelectual marxista italiano Antonio Gramsci (1891-1937) reconoció el rol fundamental de los intelectuales en cambiar el clima cultural de un país y así poder ejercer hegemonía política (Lettere dal carcere, 1947).
Resulta paradójico que los mismos paladines de la justicia social que rasgan vestiduras en honor a la dignidad en Plaza Italia, sean los mismos que quieren ser tratados con favores de forma desigual, a expensas de toda la población.
Los economistas tenemos un defecto incorregible: siempre comparamos y juzgamos a la realidad contra posibles escenarios plausibles.
Se esperaría que en Chile muchos estuvieran familiarizados con la fábula “La gallina de los huevos de oro”, del autor griego Esopo.
Chile cerró el año 2021 con una rampante inflación de un 7,2%, la mayor en 14 años. Esta es la inflación más alta registrada desde el 2007, algo que no pensábamos que volveríamos a vivir.
Hace casi 90 años el marxista italiano Antonio Gramsci (1891-1937) reconoció el rol fundamental de los intelectuales en cambiar el clima cultural de un país y así poder ejercer hegemonía política (Lettere dal carcere, 1947).
El flamante presidente electo Gabriel Boric va a recibir una economía particularmente complicada y es muy probable que el ámbito económico sea uno de los principales desafíos de su mandato presidencial.
Ahora que estamos ad portas de comenzar un nuevo año, resulta necesario reflexionar acerca de uno de los principales problemas que nos aqueja como país: la escasa tolerancia política y la violencia.
Creemos necesario mantener el régimen de votación voluntario y analizar lo que han hecho los demás países del mundo para afrontar la baja participación electoral.
Inmediatamente después de los resultados de la primera vuelta, los medios se vieron repletos de columnas y reportajes indicando que José Antonio Kast habría ganado en las comunas más pobres de Chile.
Chile lleva décadas perdiendo sostenidamente niveles en el ranking de libertad económica y las personas, sobre todo los jóvenes, las mujeres y los grupos marginados, son los que más han sentido el golpe.
Desde octubre del 2019 muchos sostuvieron la tesis de que el país vivía subordinado a un presunto modelo “neoliberal” malvado y opresor, que sometía a los ciudadanos a punta de expansión de los mercados y privatización que beneficiaba solo a algunos.
Es plausible que los resultados del domingo acaben con el Octubrismo y el maximalismo político post-18-O que ha embriagado a muchos que creían poseer un supremacismo moral y ayudar así, desde la moderación, a construir un país donde nos toleremos y no donde prime la lucha a muerte en Plaza Italia.
Hace pocos días el presidente del Banco Central, Mario Marcel, reconoció que “tenemos un cambio estructural en el mercado de capitales, producto de los retiros de ahorros previsionales”.
Una tregua de elites en torno a un reformismo responsable pareciera ser la única manera de evitar que la demagogia y la retroexcavadora se impongan en el debate público durante esta nueva década. Con todo, el espacio para ponernos de acuerdo y hacerles frente a estos tres desafíos económicos se acorta, y las campanas parecieran comenzar a doblar por nosotros.
El caso del auge y caída del proceso modernizador en Chile y de toda nuestra institucionalidad, son una clara señal de lo que sucede cuando las instituciones pro libertad económica se sustentan de facto en meras constituciones y en papeles
«La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla»