Parece plausible que Internet sea para el Islam en el siglo XXI lo que fue la imprenta para el cristianismo centurias atrás.
Urge reprogramar el mindset -la mentalidad- del liderazgo, pues la transformación que está demandando la realidad en la sociedad no es puramente tecnológica o digital.
La idea de que el futuro está ocurriendo pone urgencia a las acciones y decisiones políticas, empresariales y sociales, que incluso debieron ser tomadas hace mucho.
El mercado laboral del futuro requerirá mucho de sensibilidades y habilidades humanas, porque si bien desaparecerán numerosos oficios que conocemos hoy, no faltarán cosas que hacer para las personas. Este escenario no es igual al de la revolución industrial de hace un par de siglos. Es mucho más desafiante, porque lo que las máquinas hacen por nosotros hoy domina el campo de lo cognitivo, mas no tanto de lo físico ni lo muscular.
Tratar de detener, retrasar, contener o adaptar los fenómenos disruptivos a modelos de negocio que van en retirada es como poner saquitos de arena en la playa para parar un tsunami.
En la vida no se trata simplemente de quién escala más, sino de cómo se conecta oportuna e inteligentemente.
Estamos en el mejor momento para las personas creativas, flexibles, adaptables, ávidas de aprender e innovadoras, y en el peor para quienes no desarrollen estas aptitudes.
Mientras sigamos jugueteando ideológicamente con la gratuidad y el lucro en la educación, sin tratar en serio lo serio, seguiremos preparando con minuciosa prolijidad nuestro fracaso.
He querido compartir esta vivencia ecuatoriana por una razón muy simple, que bien la ha resumido el historiador británico Niall Ferguson en una conferencia para The Reith Lectures, de BBC: “Me gustaría preguntar hasta qué punto es posible que prospere una nación verdaderamente libre en ausencia de una sociedad civil dinámica”.
Hoy, los temas importantes son la estrategia de desarrollo y cómo repensamos a Chile, con sus instituciones políticas y económicas.
Lo central es que aquella revolución con ideal, potencia y ambición ya no existe. Está sin alma y desmoralizada.
Por estos días, esta cruzada intelectual, ambiciosa y casi solitaria, de McCloskey, sí que es nadar contra la corriente.
En el siglo XXI, el poder es más fácil de adquirir, más difícil de utilizar y más fácil de perder
Si insistimos en portarnos mal y competidores que creíamos fuera de juego, como la ex Argentina de los Kirchner, empiezan a portarse bien, estaremos en serios problemas.
¿Qué pasará cuando la automatización, la robótica y el «Internet de las cosas» avancen aún más en la industria, la enseñanza, el hogar y en el propio Estado?
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«El progreso es imposible sin cambio, y aquellos
que no pueden cambiar sus mentes,
no pueden cambiar nada»