Un Estado para adultos
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Publicado en La Segunda 31.08.2022
Publicado en La Segunda 31.08.2022
Autor: Fernando Claro
Gane quien gane, nuestra República volverá a quedar bajo la responsabilidad de los políticos. Éstos, inoperantes durante años, hicieron que el pueblo —montado arriba de la ola mundial—, terminase por explotar. Políticos estupefactos —irresponsables y demagogos también—, sin saber qué hacer, llamaron al proceso constitucional que ahora ya está por terminar pero va a continuar. Y este domingo el pueblo volverá a pronunciarse aunque civilizadamente para devolverles la responsabilidad.
Si siguen comportándose cómo lo han hecho los últimos años, nos desfondaremos. Los retiros eran malos, pero se aprobaron; eran inconstitucionales, pero pasaron; empeoraban las pensiones, pero se celebraron. Han pasado más de siete años desde la Comisión Bravo y nada. Dieciséis desde la Comisión Marcel, y poco. Los países desarrollados se vuelcan hacia un sistema como el chileno —aunque escuchando a Bravo y Marcel—, pero los chilenos —y la izquierda—, le dan con avanzar al revés. Si la centroizquierda sigue celebrando a Stingo, Baradit y Atria, no llegaremos a ningún lado; si no se levantan y hablan fuerte, sucumbimos. Hace años se escuchaba a la izquierda celebrando a los derechistas liberales no-pinochetistas. Ojalá fuesen más importantes, decían. ¿Para qué dicen eso? pensaba yo, ¿para perder? Era raro. Ahora uno, desde cualquier lugar, evoca a una centroizquierda democrática, que crea en el Estado de Derecho —ni para perder ni para ganar—.
"Si la centroizquierda sigue celebrando a Stingo, Baradit y Atria, no llegaremos a ningún lado; si no se levantan y hablan fuerte, sucumbimos."
Bassa insiste, y va a seguir, con que los votos del Rechazo son fruto de poderes ocultos y la desinformación; quienes nos gobiernan, además, viejos “aliados” de Llaitul, siguen divagando con esto y todo lo demás —y ahora les da con “anular” leyes—. Y desde el otro lado, la oposición, de la cual uno esperaría algo de sensatez, al aguaite de su momento, sale con demagogia de matinal: el diputado Coloma persigue a los políticos que fuman pitos. ¿Qué pretende? ¿Seguir al ritmo de Loncón? Si fuese por pacato, lo entiendo, pero inventar que lo hace para perseguir el narcotráfico es una simple ridiculez. Y nadie le lleva la contra. Todos aprobando su demagogia, tan demagógica como esta propuesta de Constitución o la idea de «eliminar los puntajes nacionales». ¿Van a eliminar la noche también?
Así son los políticos, esa es su naturaleza. Buscan votos, poder y miran apenas a la vuelta de la esquina, pero Chile ya no aguanta más. Y como son así, ¿por qué confiar en una constitución que, en vez de controlarlos, los empodera? En vez de separar los poderes, los concentra. En vez de consagrar derechos básicos, los elimina —y diferencia por razas—, y nos llena de los ilusos derechos sociales que necesitarán del lúgubre dinero. La propuesta de Coloma, por ejemplo, debería ser inconstitucional por nuestro derecho a la privacidad. Eso y el trato de nuestros datos personales, quizás lo único bueno de esta desastrosa propuesta constitucional. Nada más.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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