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Ayuda a Cuba: sosteniendo una economía de penuria Publicado en El Líbero, 20.02.2026

Ayuda a Cuba: sosteniendo una economía de penuria

imagen autor Autor: Jorge Gomez

El gobierno chileno ha anunciado que enviará ayuda humanitaria a Cuba apelando a la situación de crisis energética que el propio gobierno cubano ha anunciado, aludiendo a las medidas tomadas por Donald Trump respecto al envío de petróleo a la isla.

Recurriendo al Fondo Chile contra el Hambre y la Pobreza, que permite al gobierno destinar hasta 5 millones de dólares anuales para crisis internacionales, el gobierno dijo que la contribución monetaria se entregará a través de agencias de la ONU como Unicef, las cuales gestionarán el dinero para la posterior distribución de bienes como alimentos. No obstante, aquello no es una garantía de que el régimen no ejerza control sobre la distribución final de los bienes puesto que son los comunistas los que controlan la infraestructura de escuelas, hospitales y almacenes de todo tipo.

La justificación que ha dado el gobierno chileno, a través del canciller Alberto van Klaveren como del propio presidente Gabriel Boric, es que la ayuda es para el pueblo cubano, independientemente de las características políticas del régimen. Si bien está distinción puede ser plausible, el presidente dijo que las medidas tomadas por Trump eran criminales y, con ello, se sumó a la monserga enarbolada por años por parte de los adeptos a la dictadura comunista cubana, la cual alude que la situación de penuria y escasez se explica esencialmente por el embargo estadounidense. Con esto, Boric simplemente replica las excusas con las cuales la dictadura cubana ha sometido al pueblo cubano por décadas a restricciones de todo tipo, bajo la excusa de resistir el imperialismo estadounidense.

«Aunque el embargo estadounidense fuera levantado del todo en Cuba, los problemas de miseria y escasez seguirían porque son inherentes al sistema de economía centralmente planificada, sin libre mercado y sin propiedad privada que, por sesenta años, impera dictatorialmente en la isla».

En primer lugar, no se trata de un bloqueo sino de un embargo. De lo contrario, ningún capital europeo, proveniente de España, Canadá, Italia y Francia, podría operar en el turismo cubano con cadenas hoteleras como Iberostar o Blue Diamond. Ninguna clase de bienes a los cuales acceden exclusiva y libremente los turistas pagando en dólares o euros, podrían estar disponibles. Tampoco los nietos de Fidel Castro podrían gozar de los lujos que disfrutan junto al resto de los herederos y descendientes de los oligarcas comunistas. Hasta un Ferrari manejaba un nieto de Fidel en plena pandemia.

En segundo lugar, la escasez generalizada de bienes en Cuba se explica porque el modelo económico cubano, de economía socialista centralmente planificada, es esencialmente una economía de la penuria o la escasez. El término lo acuñó el economista húngaro Janos Kornai (1928–2021), para referir al socialismo y sus dinámicas de funcionamiento ineficientes.

Entre otras cosas, Kornai planteaba que la planificación central socialista se traduce en una escasez vertical, producida por los incentivos hacia la ineficiencia y el despilfarro de recursos pues ninguna empresa estatal, por inútil que sea, quiebra o cierra y, por el contrario, sigue recibiendo inyecciones de recursos a punta de deuda o de generar escasez en otros ámbitos. Si las ayudas extranjeras van directamente al gobierno cubano, lo que se está incentivando no es otra cosa que la ineficiencia crónica y la caza de rentas por parte de los burócratas que controlan el sistema.  

El problema de lo anterior es que eso se traduce en un esquema generalizado de ineficiencia. Por ejemplo, una empresa estatal encargada de proveer insumos para un determinado rubro, al ser ineficiente, genera escasez de tales insumos, lo que afecta a la pequeña empresa que lo requiere para producir un bien de consumo, que luego debe llegar a un consumidor individual. Al no existir libre mercado y libre competencia, esa pyme no puede recurrir a otros oferentes para suplir la falta del recurso y, por tanto, se produce escasez del bien en la góndola o vitrina. Es decir, se provoca un fenómeno propio del socialismo: los escaparates vacíos.

La escasez vertical explica que, por ejemplo, en marzo de 2025 la Empresa de Gas Licuado cubano informaba que no tenía insumos hasta «la próxima importación». Si no hay insumos para mantener la generación energética, no es raro que cada tanto haya apagones o que la producción agrícola e industrial se desplome lo que, a la vez, incentiva las importaciones por parte del Estado para suplir lo que se necesita en cuanto a alimentos u otros bienes. El Estado cubano viene gastando desde hace años las divisas en eso y con ello sigue sosteniendo la ineficiencia del sistema. Salvo cuando la mediocridad socialista ha sido subvencionada por parte de la URSS o Venezuela.

El circulo vicioso de la escasez vertical producida por el socialismo, afecta la fuente de ingresos de divisas como el turismo o la producción biofarmacéutica. Si se gastan divisas en importar arroz, luego no hay divisas para mantener laboratorios. Las últimas decisiones desde Estados Unidos sólo evidenciaron una crisis estructural del socialismo cubano, que se escondió primero tras las ayudas soviéticas y luego tras las millonarias ayudas chavistas.

El control vertical de la economía en el socialismo se traduce en escasez de insumos, pero también en el acaparamiento de los bienes. Esto último lo llevan a cabo quienes controlan la cadena de suministros y los grupos que controlan la distribución. Los burócratas comunistas. Así, no es extraño que los nietos de Fidel Castro no sufran ninguna penuria, mientras el resto de la población se ve sometida a la escasez crónica. Estamos ante lo que Kornai llamaba escasez horizontal.

Nuevamente, al no existir libre mercado y libre competencia en Cuba, no hay forma de sustituir dicha escasez horizontal, como sucede en un sistema donde existe diversa oferta privada de un bien determinado. Si en Chile no encuentro el bien en un lugar, voy a otro y así hasta encontrarlo. Incluso puedo encargarlo fuera del país. Pero bajo el socialismo eso no ocurre, porque no hay oferta privada. No se permite.

Peor aún, como el sistema socialista está controlado verticalmente, los precios son artificiales y no permiten equilibrar de forma correcta la oferta y la demanda. Entonces, para asignar los bienes surge algo típico en cualquier economía socialista, la ineficiente fila o cola y, con ello, la tarjeta de racionamiento. En otras palabras, bajo el socialismo las personas quedan sometidas al capricho de quienes reparten las cosas en los barrios. Salvo que seas heredero de los oligarcas que controlan el sistema. Esos son más iguales que el resto. Estamos así ante el control político mediante el estómago, ya advertido incluso por Trotsky. 

Tomando en cuenta lo que advertía Janos Kornai respecto a la economía socialista como economía de penuria, es claro que, aunque el embargo estadounidense fuera levantado del todo en Cuba, los problemas de miseria y escasez seguirían porque son inherentes al sistema de economía centralmente planificada, sin libre mercado y sin propiedad privada que, por sesenta años, impera dictatorialmente en la isla y tiene al pueblo cubano sometido a necesidades de todo tipo.

Si realmente se quiere ayudar humanitariamente al pueblo cubano, hay que ayudarlo a salir definitivamente del socialismo y liberarlo de sus carceleros.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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