Copamiento, esperanza y responsabilidad
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Publicado en El Mercurio, 24.01.2026
Publicado en El Mercurio, 24.01.2026 Señor Director:
Ahora que logramos que Mario Waissbluth revisara sus archivos personales y de Educación 2020, reconoce que apoyó en su época el «ranking falso» propuesto por el diácono Fco. Javier Gil y aplicado el año 2013. Y lo apoyó a pesar de la evidencia levantada en su contra por Andrés Barrios, Mónica Silva, Mladen Koljatic y Harald Beyer. Waissbluth había insistido en cartas anteriores que «nunca lo había apoyado». La desvergüenza es total. Esto sorprende —aunque no tanto, porque Waissbluth siempre usa estas formas—, pero sorprende aún más que lo apoye ahora que se iluminó. El «ranking falso» será modificado porque resultó ser el fiasco que se predecía, por lo que si ahora lo apoya, esperamos entonces su oposición al cambio.
Ahora, y como ha sido su costumbre desde que fundó Educación 2020, Waissbluth se posiciona en un pedestal moral para proponer autoelevarse los impuestos en pos de los niños de Chile —ya conocemos sus resultados en ideas educacionales—. Sin embargo, va más allá, y me desafía a si acaso yo haría lo mismo. Yo le respondo que admiro su santidad, al igual que la de todos sus secuaces, y la de Giorgio Jackson, y la de todos quienes han hecho una carrera profesional apuntando con el dedo a personas que no construyen mediaguas, pero que trabajan día a día honradamente, en silencio, o contra quienes van a universidades por sobre los 1000 metros de altitud. Personas como Mario tienen almas admirables, se prologan libros y se potencian, realmente se merecen el cielo, aunque después cambien de rubro y hagan otras cosas como tradear cobre o los pillen en el Caso Fundaciones y quizás en qué más. La verdad los admiro, porque yo no subiría ni un ápice los impuestos y, es más, los bajaría casi todos, y los simplificaría, de manera de achicar lo más posible el Estado y focalizar las ayudas sociales en quienes más los necesitan, permitiendo así que la iniciativa privada saque adelante a este país. Además, permitiría que abran más y mejores colegios, se acorten las listas de espera en salud y se acabe el déficit de vivienda a través de esas asociaciones público-privadas lucradoras, consideradas pecaminosas por todos ellos, los santos.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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