Rumbo perdido
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Publicado en El Líbero, 18.09.2026
Publicado en El Líbero, 18.09.2026 Quienes pertenecemos a la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) enfrentamos un momento económico complejo en Chile. Está difícil encontrar pega, aun contando con estudios universitarios, mientras que el alza del costo de la vida pareciera morder cada vez más fuerte. Cuando hablamos de la famosa Generación Z, muchas veces imaginamos a escolares y jóvenes tiktokeros, pero el grupo es mucho más amplio. Los más viejos de esa generación, con un poco de pesar, cumpliremos 30 el próximo año, por lo que ya llevamos buen rato en el mercado laboral. Algunos trabajamos y otros estudian dependiendo de nuestras etapas y proyectos de vida. Los más sacrificados hacen ambas. Pero, un grupo cada vez más relevante, además de preocupante, son los que no hacen ninguna: los NINI, jóvenes que no estudian ni trabajan por distintos motivos. Y tanto la política como los incels tienen sus cuotas de culpa en este fenómeno.
Estadísticas hay muchas. En 2025, poco más de 340 mil jóvenes de entre 15 y 24 años no estudiaban ni trabajaban, es decir, un 13,4% del grupo. Esa tasa lleva décadas bajando y es casi idéntica al promedio OCDE, por lo que pareciera no haber problema. Pero el cuadro cambia si miramos sólo a quienes completaron la universidad o estudios técnicos superiores. El 32% de ellos fue NINI en 2025, el doble que en 2010.
«Importa que nuestros políticos actúen con responsabilidad y no distorsionen el mercado con recetas demagógicas que sólo priorizan votos a costa de las oportunidades de la generación Z»
Es decir, el mercado laboral no está dando abasto justo para los jóvenes que más tiempo y plata invirtieron en formarse para, supuestamente, acceder a un mejor empleo. Y a esa edad, conseguir trabajo, sobre todo uno formal, marca la diferencia. Quien lo consigue empieza a acumular ingresos y experiencia. Quien no, arrastra cicatrices laborales. Con poca experiencia es menos probable que lo llamen a una entrevista, que gane un mejor sueldo en el futuro y que trabaje con contrato, cotizaciones y protección laboral.
Los NINI de la generación Z se concentran en los hogares de menores ingresos. Pero, contra lo que uno supondría, son pocos los que están ahí por labores de cuidado o por una discapacidad que les impida salir de casa. El fenómeno se explica, y a la vez no se explica, por dos razones. Muchos buscan empleo activamente y no lo encuentran. Y de otros simplemente no sabemos por qué están en esa situación, al menos no con los datos disponibles. Esa cifra que es reflejo de nuestra ignorancia abarcó al 60% de los NINI en 2024, y suele asociarse, entre otros factores, a la salud mental. Puede ser desaliento: buscar pega está tan difícil que mejor ni lo intento. O algo más severo, como el rechazo total a la vida en sociedad de las comunidades incel más extremas, los blackpilled, que desprecian la superación personal, como estudiar una carrera, y no postulan a trabajos porque creen que las mujeres no querrán trabajar con ellos por su mal aspecto físico (autopercibido).
Quienes vieron Adolescencia en Netflix saben que el crecimiento de estas comunidades es un problema grande. Pero hay pocos datos sobre ellas, y eso hace difícil dimensionarlo. Del desempleo, en cambio, sabemos bastante más.
El último IPoM del Banco Central advirtió, una vez más, que el alza de los costos laborales tiene consecuencias graves. Los aumentos acelerados del sueldo mínimo durante los últimos años y las reducciones rígidas de la jornada laboral encarecen contratar. Si a eso se suma la automatización, acelerada recientemente por la inteligencia artificial, contratar personas se vuelve todavía menos atractivo. Muchas empresas se vuelven más selectivas, prefieren currículums con experiencia y les cierran la puerta a los jóvenes.
Por eso importa que nuestros políticos actúen con responsabilidad y no distorsionen el mercado con recetas demagógicas que sólo priorizan votos a costa de las oportunidades de la generación Z.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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