Argumentos subrogados
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Durante las últimas semanas, ha vuelto a renacer el cuco de las reformas del segundo gobierno de Bachelet, donde encontramos a quienes les atribuyen la destrucción de nuestra economía y a quienes atenúan su relevancia argumentando que la mala racha venía de antes. El debate revive gracias a la reforma que lidera el gobierno de Kast, que en algunos elementos podemos entender como una anti reforma de las de Bachelet. Así, quien sostiene que la reforma de Kast impulsará la economía chilena está sosteniendo, de alguna u otra manera, que las de Bachelet la desaceleraron.
En general, quienes atenúan el impacto negativo de las reformas de Bachelet 2 se concentran en tres puntos: (1) la productividad rompió su tendencia de rápido crecimiento alrededor del año 2006; (2) el boom de precios de commodities que Chile aprovechó, principalmente por la exportación de cobre, terminó en 2012; y (3) las economías comparables no afectas a estas reformas también desaceleraron en 2014. Los tres ejes cuentan con respaldo en los datos y obligan a dudar que una década de desaceleración se explique mayoritariamente por lo que pasó dentro del país.
«¿Quién ganó? Solo quienes nunca quisieron la plata, ni la recaudación, ni combatir la pobreza, por más que dijeran lo contrario, sino que simplemente anhelaban la retórica anti libre mercado que primó y contribuyó a los males sociales que vendrían después»
Sin embargo, uno de los estudios más exhaustivos al respecto, publicado en 2025 en una revista académica de prestigio internacional por los economistas chilenos Toni, Paniagua y Órdenes, llega a una conclusión más bien contraria. Los autores reconocen los frenos anteriores a 2014, pero construyendo un modelo sintético de la economía chilena para simular qué habría pasado sin el conjunto de reformas e intentos de ellas en 2014 y años aledaños, encuentran que los factores internos de Chile explican dos tercios de la desaceleración económica. Y, cuidando los límites obvios de comparar lo que pasó con lo que no pasó, los autores concluyen que sólo un tercio del desaceleramiento puede atribuirse a factores externos.
«Quienes tienen más, aportarán más» prometía la reforma tributaria de Bachelet 2, la Ley 20.780, y algo de eso cumplió porque efectivamente subió la carga a las personas de mayores ingresos, pero ¿a qué precio? Un estudio reciente de Moore, Pecoraro y Splinter advierte que los aumentos impositivos de esta índole pueden terminar siendo nada más que sacrificio de crecimiento económico por progresividad tributaria. Ese canje sirve a los de menores recursos solo si es que el Estado termina recaudando más que en el escenario contrafactual —sin reforma, con un sistema tributario menos progresivo y mayor crecimiento del PIB— y que, simultáneamente, esa recaudación extra se gaste de forma eficiente e inteligente. Difícilmente se cumplieron ambas condiciones. La reforma tributaria de 2014 recaudó apenas 1,5% del PIB versus el 3% que se esperaba, y el golpe del conjunto de reformas al crecimiento fue tal que hacia 2019 íbamos 10% por debajo de lo que habríamos avanzado sin reformas. Con ello, es difícil descartar que, sin las reformas de Bachelet 2, hoy el Estado recaudaría más por el simple hecho de tener una base de PIB más grande.
Si el Estado chileno se disparó en los pies y terminó con menos plata de la que habría tenido sin reformas ni sus intentos durante el segundo gobierno de Bachelet, hoy hay menos para gastar en programas sociales focalizados y para lo más estructural, como seguridad, educación y salud. Todos terminamos caminando con arenas en los zapatos: los empresarios que pagan impuestos más altos, los trabajadores a quienes se les traspasa en gran parte ese costo adicional, los más pobres que reciben menos beneficios que en el escenario contrafactual, y hasta los políticos y burócratas que recaudan menos para llevarse al bolsillo.
¿Quién ganó? Solo quienes nunca quisieron la plata, ni la recaudación, ni combatir la pobreza, por más que dijeran lo contrario, sino que simplemente anhelaban la retórica anti libre mercado que primó y contribuyó a los males sociales que vendrían después. La reforma recaudó la mitad de la plata y el total de la retórica, y para algunos ese siempre fue el buen negocio.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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