Un Estado para adultos
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Publicado en El Mercurio, 22.01.2026
Publicado en El Mercurio, 22.01.2026
Autor: Fernando Claro
Señor Director:
La suerte me dotó de una buena memoria, lo que me ha permitido guardar excelentes y detallados recuerdos tanto de mis años escolares como también de mis años trabajados como asesor de los ministros Harald Beyer y Carolina Schmidt en el Ministerio de Educación, cuando Mario Waissbluth y sus secuaces no cejaban apoyar el «ranking falso» y las ideas que luego vieron forma de ley con Bachelet con las consecuencias desastrosas que conocemos. A este ejercicio de memoria que algunos hacemos, Mario Waissbluht lo llama «odiosidad», para victimizarse —pobrecito—, una práctica común entre quienes se autoperciben como salvadores de la humanidad. Waissbluth dice ahora que nunca apoyó el «ranking falso» en esos años, pero haría bien en revisar sus archivos personales y los de todos sus secuaces. Lo más directo es leer el documento oficial que publicó junto a Educación 2020 en ese tiempo, titulado «Educación 2020 sobre ranking de notas», en que apoyaba ese «ranking falso» sin matiz alguno, apoyándose en todos los «análisis» del diácono Fco. Javier Gil, su principal promotor.
Es increíble, simplemente no hay vergüenza, pero, en fin, esta práctica amnésica no es novedad, ya que hace poco vimos al exministro Nicolás Eyzaguirre intentado instalar que la metáfora de los patines tenía otro significado. ¿Qué vendrá después? ¿El exrector Sánchez saldrá a decir que tampoco apoyó el ranking? ¿o Izkia Siches declarará que nunca fue a la Araucanía?
Waissbluth asegura que se preocupaba de la niñez desde 2017, pero lo importante era pronunciarse entre 2011 y 2015, cuando el país discutía a quién priorizar. Y sobre el endeudamiento del país, Waissbluth, como acostumbra, distorsiona la discusión. Yo nunca dije que él proponía endeudarse en 115% del PIB en niñez, sino que ahora apareció desvergonzado y con su mesianismo característico diciendo que «este cuento de la estrechez fiscal a mí me tiene chato», para luego reclamar que nos podríamos endeudar hasta el 115%, con la clásica justificación irreflexiva y provinciana de que «es el nivel promedio de deuda en la OCDE» y ahora, oh sorpresa, en pos de la niñez —y quizás qué otras cosas—. Otra política que, como el ranking, sería una estupidez.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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