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La complicidad feminista con la teocracia machista Publicado en El Líbero, 16.01.2026

La complicidad feminista con la teocracia machista

imagen autor Autor: Antonia Russi

«Mujer, vida y libertad» es el slogan esgrimido por los movimientos de independencia y autonomía kurda. El lema se identifica mayoritariamente con la lucha femenina, tras el asesinato, en 2022, de Mahsa Amini en manos de la policía de la moral iraní. No deja de ser interesante que aquel colectivo, que hoy protagoniza las manifestaciones contra la teocracia islámica y el desastre político, económico y humanitario provocado por sus ideales, haya escogido dichos principios para representarlas.

Si lo analizamos en profundidad, «mujer» se elige porque el régimen es especialmente persecutorio y discriminatorio contra las residentes de la nación (evitando calificarlas de ciudadanas al ver sus derechos civiles y políticos destruidos). Si bien, en Irán las mujeres forman parte del 60% de la población universitaria, doblan el número en cesantía y ganan menos de la mitad que los hombres. Con todo, la discriminación de la ley frente a ellas es espeluznante, exigiéndoles estrictas etiquetas de comportamiento, subordinación e, incluso, vestimenta; de las cuales los hombres están eximidos. Tanto así, informes de la ONU reconocen la urgente situación de las mujeres y niñas en Irán, quienes son víctimas de constante «discriminación, acoso y castigo», ejemplificando con reconocidos casos de activistas castigadas severamente por el uso «inadecuado» del hiyab en público. Asimismo, algunos medios internacionales han reportado –a pesar del bloqueo informático del régimen-– que la presencia femenina en las protestas supera a la de años anteriores, siendo la media de edad de las detenidas de 15 años; demostrando que lo que hoy ocurre en Irán debería ser un tema prioritario para la lucha del feminismo internacional. O, al menos, eso esperaríamos…

«Sin embargo, el silencio del feminismo hegemónico internacional vuelve a sobrecoger a la población mundial que ha optado por perseguir los ideales de la verdad, la justicia y el progreso».

En segundo lugar, la consigna destaca los valores de «vida y libertad». Ambos conceptos que rara vez se escuchan en las vociferantes alocuciones del feminismo hegemónico occidental. Con ello, resulta muy llamativo que, en un país donde toda la población, pero sobre todo la femenina, sufre de una de las mayores represiones de nuestro siglo, se considere la libertad y la vida como aquellos elementos que más representan sus anhelos ciudadanos.

 Sin embargo, si hacemos historia, la vida y la libertad fueron los principios que las pioneras del feminismo defendieron en primer lugar. Antes de la tercera ola feminista, iniciada por la obra de Simone de Beauvoir en 1949, el movimiento se identificaba con la búsqueda de la igualdad ante la ley y la libertad individual de las mujeres. Perseguían, ni más ni menos, que obtener la equivalencia en derechos con los hombres; y exigían, orgullosamente, cargar con la responsabilidad de dicha libertad política y civil (Olympe de Gouges, 1791). Este feminismo, que algunos autores han apodado como «liberal», se inspiró en los ideales ilustrados de la razón y la voluntad como piedras angulares del perfeccionamiento humano, el cual se concretaba, políticamente, en la democracia. Las mujeres de finales del siglo XVIII y de la primera mitad del XIX, lucharon, al igual que nuestras contemporáneas iraníes, por objetivos similares: dejar la interdicción política, económica, civil y cultural, para pasar a ser dueñas de su propio destino vital.

Sin embargo, el silencio del feminismo hegemónico internacional vuelve a sobrecoger a la población mundial que ha optado por perseguir los ideales de la verdad, la justicia y el progreso. En otras circunstancias, reconocidas figuras feministas y progresistas internacionales, como Alexandria Ocasio-Cortez, Ayanna Pressley, Ilhan Omar, entre otras; y colectivos nacionales, como la Coordinadora feminista 8M, han sido tremendamente escandalosas a la hora de involucrarse en política internacional, como las insistentes críticas al gobierno de Israel, vindicando, supuestamente, los derechos humanos de las mujeres en Gaza. De esta manera, vuelven a hacerse evidentes los verdaderos intereses del feminismo contemporáneo, el que inspirado en el progresismo de género, no concibe la verdadera libertad individual y justicia como fines lo suficientemente lucrativos para volverlos prioritarios.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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