Repita conmigo: Venezuela es una dictadura

El informe de la ONU acerca de Venezuela ha sido un golpe para Nicolás Maduro al ratificar el carácter dictatorial de su gobierno socialista, pero además a sido un knock out para una parte importante de la izquierda latinoamericana que, por varios años, ha avalado las acciones antidemocráticas y corruptas del chavismo. Algunas facciones de la izquierda chilena también han recibido el golpe, algunas mostrando un burdo oportunismo, con lágrimas de cocodrilo por el drama de los refugiados venezolanos; otras adoptando una clara actitud negacionista, indolente y cómplice respecto a la violación de Derechos Humanos en el país petrolero.

El informe de la ONU es claro en indicar que “la economía venezolana, especialmente su industria petrolera y los sistemas de producción de alimentos, ya estaban en crisis antes de que se impusiera cualquier sanción sectorial” y que “las políticas económicas y sociales adoptadas durante la última década han debilitado los sistemas de producción y distribución de alimentos”, lo que derriba la cháchara del bloqueo y el intervencionismo, enarbolada para negar que el fracaso económico, la escasez y la miseria se deben a las medidas socialistas aplicadas desde los tiempos de Chávez. El mismo informe es claro en decir que “durante al menos una década, el gobierno, así como las instituciones controladas por el Gobierno han aplicado leyes y políticas que han acelerado la erosión del estado de derecho”, lo que incluye, por ejemplo, expropiaciones a destajo y vulneraciones sistemáticas al derecho de propiedad de los ciudadanos.

Los oportunistas, algunos descarados como el senador Alejandro Navarro, y otros más sutiles como Beatriz Sánchez, han salido al podio para lamentar algo que hace muchos años se denuncia con respecto a Venezuela. Así, los que hasta hace no muy poco negaban, directa o indirectamente, la condición dictatorial del régimen socialista, ahora se muestran consternados. Como si los hechos descritos en el reporte, como la militarización de la sociedad, la persecución a opositores y la represión selectiva, tuvieran data reciente. Lo cierto es que la única diferencia del reciente informe de la ONU con respecto a otros que denunciaban lo mismo tiempo atrás, como los realizados por Human Right Watch, Amnesty, Caritas, Encovi o Reporteros sin Frontera, es que es un ícono de la izquierda mundial, Michelle Bachelet, la que da el golpe de gracia al erróneamente idealizado modelo chavista, inspirado en el socialismo del siglo XXI.

Los negacionistas, como los miembros del Partido Comunista, bajo el argumento de la real preocupación por lo que mareen Venezuela, pretenden deslegitimar el informe hecho por la ONU o al menos bajado el perfil acusando parcialidades. Están igual que Alberto Maza, al que no le gustó el infame simplemente porque “lo hizo” Bachelet. Así, las declaraciones de algunos connotados comunistas, como Carmen Hertz o Guillermo Teillier, han mostrado ser propios del realismo mágico, muy predecibles en cuanto a las habituales tesis conspiranoides: el golpismo, el imperialismo, los yankis. En ese sentido, los comunistas han mostrado abiertamente su lógica negacionista con respecto a la violación de los DD.HH. en Venezuela. Bueno, también lo hicieron en el pasado con respecto a Giba, la RDA y el bloque soviético completo. En su afán por apoyar la dictadura asesina en Venezuela, han levantado argumentos parecidos a las que usaban cuando se denunciaban las violaciones a los DDHH. en Chile por parte de adeptos a la dictadura: los comunistas chilenos exigen más pruebas. A ese nivel ha llegado su miseria ideológica
Lo cierto es que el informe de la ONU refuta los castillos en el aire de los adeptos al chavismo, refleja no solo el fracaso económico del régimen socialista en cuanto a generar bienestar para la población, sino que hace explícito su absoluto fracaso moral. Porque no solo ha generado miseria, sino esclavitud, servidumbre, corrupción, tiranía y muerte. Así lo muestran claramente los puntos 48 y 49 del reporte, que describen el actuar criminal de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) que, bajo la excusa de la resistencia a la autoridad, han llevado a cabo ejecuciones extrajudiciales, las cuales alcanzaron las 5.287, según el propio gobierno de Maduro. Solo en 2019, el régimen socialista, tal como consigna el mismo informe, reportó 1.569 muertes bajo el mismo concepto. Es decir mil y tantos casos, tan irregulares como el asesinato de Camilo Catrillanca.

En una de esas el informe de la ONU hace que algunos adeptos acérrimos al socialismo, desde algunos en el Frente Amplio hasta en el Partido Comunista, dejen de creer que en Venezuela impera la armonía y la paz socialista, tal como meses atrás daba a entender con desparpajo la diputada Claudia Mix. Así, por un lado dejan de vender la pomada con que en Chile reina la represión más brutal y por otro aceptan que los miles de venezolanos pidiendo asilo en la frontera norte chilena son la prueba fehaciente de que, a diferencia de Venezuela donde reina la opresión y la desazón, en Chile todavía prima la democracia, la libertad y la esperanza.

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