Inicio » Columnas » Por qué (casi) todo es caro
Por qué (casi) todo es caro Publicado en El Mercurio, 25.07.2026

Por qué (casi) todo es caro

imagen autor Autor: Axel Kaiser

El economista Mark Perry, del American Enterprise Institute, utilizando datos del Bureau of Labor Statistics, ha elaborado un interesante gráfico que refleja el aumento de precios de distintos ítems entre el año 2000 y el 2025. Entre ellos se incluyen servicios hospitalarios, aranceles universitarios, vivienda, comida y bebidas, autos nuevos, ropa, servicios de telefonía, software y televisiones. El gráfico, que generó impacto en la Reserva Federal, muestra además la evolución de los salarios promedios por hora y el nivel de inflación acumulada. La conclusión es demoledora: en todo aquello que el gobierno interviene activamente, los precios han subido mucho más allá de la inflación y los salarios.

El estudio concluye: «Cuanto mayor (menor) sea el grado de intervención del gobierno en la provisión de un bien o servicio, mayores (menores) serán los aumentos (disminuciones) de precios a lo largo del tiempo; por ejemplo, los costos hospitalarios y médicos, las matrículas universitarias y el cuidado infantil, con altos grados de financiamiento/regulación gubernamental y grandes aumentos de precios, frente al software, la electrónica, los juguetes, los autos y la ropa, con relativamente menos financiamiento/regulación gubernamental y precios en descenso». Es decir, todo lo que es lo más fundamental para vivir es hoy más costoso para el americano, cuyo salario alcanza cada vez menos para vivienda, salud y educación producto, en buena medida, de la intervención estatal.

«Todas aquellas cosas en que el mercado es más libre, en cambio, se han vuelto más baratas y accesibles»

Todas aquellas cosas en que el mercado es más libre, en cambio, se han vuelto más baratas y accesibles. No sorprende entonces que el socialismo empiece a ganar cada vez más adeptos si las nuevas generaciones tienen un futuro mucho más difícil por delante que el de sus padres debido a impuestos desmesurados, regulaciones asfixiantes y subsidios absurdos para beneficiar a grupos de interés. Y dado que el clima de opinión intelectual lo controlan activistas de izquierda en medios de comunicación y universidades, obviamente se culpa al capitalismo en lugar del responsable central que es el estatismo.

Si ese es el caso en Estados Unidos, en Europa es mucho peor, al punto de que la emigración de capital humano de países como Alemania, Francia, España y otros alcanza los cientos de miles todos los años. Muchos se van a Estados Unidos, porque a pesar de los problemas causados por el intervencionismo estatal, sigue siendo más dinámico y libre que la esclerótica Europa.

Chile, obviamente, se encuentra afectado por el mismo problema, algo que un análisis superficial revela con facilidad. El costo del combustible, por ejemplo, que hoy se discute tanto, es impagable porque casi la mitad son impuestos. Si no fuera por eso, pagaríamos cerca de $700 por un litro de bencina. Las carreras universitarias podrían costar fácilmente un 30% o 40% menos si tuvieran la extensión razonable que tienen en Europa en lugar de cinco a seis años bastante inútiles. En vivienda más del 60% del alza de precios de 54% en los últimos 10 años, según Colliers, se explica por intervenciones del Estado, incluyendo «permisología», planos reguladores que impiden incrementar la oferta, etcétera. A ello hay que agregar todos los impuestos y llegamos a la conclusión de que casi el 40% del precio de un inmueble pueden ser costos impuestos por el Estado a los ciudadanos. Y después nos preguntamos por la imposibilidad de las nuevas generaciones de contar con una casa propia para tener familia.

Por si fuera poco, en Chile también se insiste en regular más, seguir subiendo impuestos y redistribuir más riqueza, con lo cual vamos destruyendo la posibilidad de progreso para los más pobres y las clases medias. En salud la historia ha de ser similar, pues pocos espacios son más intervenidos por el Estado que ese.

Lamentablemente pocos en Chile conocen esta realidad, por lo que es probable que nada cambie sustancialmente. Como sea, no queda más que difundir las ideas para que cada vez más gente entienda que el problema del costo de vida lo crea esencialmente el Estado.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

ÚLTIMAS OPINIONES

Obligar a escuchar, obligar a gestar

El proyecto que propone obligar a escuchar el latido fetal denota cómo el debate es capturado mediante panfletos emocionales. «Escuchar […]

Publicado en El Mercurio, 25.07.2026
Obligar a escuchar, obligar a gestar

El vacío intelectual de la izquierda

Más allá de clásicas distorsiones de conceptos, como el de libertad, y cierto enredo de jerarquías entre principios y otras […]

Publicado en El Mercurio, 25.07.2026
El vacío intelectual de la izquierda

La palita y la Odisea

Se ha aprobado una reforma económica/tributaria que genera un cambio copernicano en la dirección que llevaba nuestra economía. Desde la […]

Publicado en El Mercurio, 25.07.2026
La palita y la Odisea

«La libertad es un derecho humano fundamental,
sin él no hay vida digna»

Súmate a la FPP