Educación parvularia: la más rentable
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Publicado en El Mercurio, 27.06.2026
Publicado en El Mercurio, 27.06.2026 En el momento de escribir estas líneas me encuentro en Berlín, luego de varias semanas en Madrid presentando mi libro «Nazi comunismo». En ambas capitales me he reunido con numerosos empresarios y políticos ansiosos por entender qué está pasando en Chile y Argentina. Mi respuesta es que en ambos países hemos logrado, por ahora, infligir una derrota cultural devastadora a la izquierda progresista. Gracias a ello, y el desastre de los gobiernos de izquierda, he explicado, ha sido posible un cambio sustancial en la opinión pública que permite realizar reformas que apuntan en la dirección de mayor libertad para los ciudadanos y, por tanto, de un progreso sostenible en el tiempo.
El caso más impactante, desde luego, es el de Argentina, hoy referente obligado de la discusión sobre política económica en el mundo. Y es que Milei ha hecho lo que ningún líder político se atrevió a hacer antes, a saber, enfrentar a ese grupo de interés que llamamos «Estado» como el enemigo que realmente es de los ciudadanos decentes.
«La islamización del Viejo Continente, promovida activamente por sus élites políticas e intelectuales, es otra razón esencial por la que muchos piensan emigrar. Solo en 2025, más de 200 mil alemanes calificados abandonaron el país dando un neto de casi 100 mil que se van para jamás volver»
Hablando con diversos profesionales conscientes de esto, me han contado que muchos ya piensan en emigrar a nuestro país vecino dada la absoluta incapacidad de la mayoría de los países europeos de generar prosperidad económica, aumento de salarios reales y rebajas de impuestos, así como de mantener los niveles de seguridad pública a los que estaban acostumbrados.
La islamización del Viejo Continente, promovida activamente por sus élites políticas e intelectuales, es otra razón esencial por la que muchos piensan emigrar. Solo en 2025, más de 200 mil alemanes calificados abandonaron el país dando un neto de casi 100 mil que se van para jamás volver. Y es que, tras décadas de políticas socialistas y de destrucción de la identidad nacional por parte de una clase dirigente que odia su país, los mejores deciden marcharse. Así, cerca de un millón de alemanes calificados se fueron definitivamente en los últimos diez años mientras millones de inmigrantes de costumbres barbáricas y bajísimo capital humano los reemplazan.
En otros países de Europa no es muy distinto. Aunque trágico, esto representa una oportunidad de oro para que Chile y Argentina hagan una oferta a europeos desesperados. Dada la decadencia probablemente irreversible de Europa y el catastrófico colapso de natalidad que está teniendo lugar en nuestros países, tener políticas especiales para atraer capital humano europeo sobre todo joven resulta de toda lógica. En lugar de abrir las puertas a inmigración no calificada del resto de América Latina, que poco o nada aporta al bienestar de los chilenos o argentinos, deberíamos enfocarnos en atraer explícitamente lo mejor de la humanidad, no solo en términos de productividad, sino también de cultura. Después de todo, somos descendientes de Europa. Y si Chile y Argentina hacen bien las cosas, es decir, logran sepultar las alternativas de izquierda tanto a nivel político como cultural, no hay razón alguna para que no podamos ofrecer en nuestros países una calidad de vida superior a la que habrá en Europa.
Seguridad pública, identidad cultural occidental y prosperidad económica son perfectamente alcanzables en estos países que, por cierto, deberán aplicar políticas migratorias de estricta compatibilidad cultural para no repetir el suicido europeo. En ese contexto deberíamos ofrecer inmediatamente el pasaporte chileno a quienes vienen de países occidentales especialmente para familias con hijos. Sin embargo, estamos haciendo todo lo contrario. Unos amigos de Austria de altísimos conocimientos técnicos que viven en Chile me explicaban que ha sido una tortura conseguir residencia definitiva a pesar de los años que llevan acá. Mientras tanto, haitianos, venezolanos y otros eran recibidos y regularizados con brazos abiertos, además de financiados con impuestos que también pagan esos austríacos.
El gobierno de Kast debería terminar con esto y comenzar una campaña activa por atraer jóvenes europeos a nuestro país sobre todo si queremos compensar en algo el apocalipsis demográfico que se avecina.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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