Desde el inicio de la crisis política hasta nuestros días, hemos comenzado a experimentar un parlamentarismo a la chilena. El poder se ha trasladado simbólicamente desde La Moneda a calle Pedro Montt s/n en Valparaíso.
Vivimos días complejos, marcados por la intolerancia, la burla, el sacar a propósito de contexto, malinterpretar, leer lo que se quiere leer y actuar en base a ello de mala fe. Pensar distinto a mi interlocutor comenzó a ser mal visto hace bastante tiempo y prueba de ello es la antipatía a la diversidad de opiniones imperante en el debate público.
Poco y nada se ha dicho al respecto. Si bien es cierto, la discusión constitucional se ha dedicado más a las reglas del procedimiento que a alguna cuestión de fondo, no es menos cierto que es una buena oportunidad para tocar la efectiva descentralización del país.
El peronismo recuperó la Casa Rosada. El cambio de mando de Mauricio Macri a Alberto Fernández supone todo un récord, debido a que es el primer Presidente no peronista en culminar un período presidencial en casi 90 años.
La democracia se encuentra en jaque en nuestro país. Se ha tensado la relación que la población posee con ella. Según Cadem, un 13% de los encuestados (en algunas circunstancias) prefiere un gobierno autoritario y un 10% considera irrelevante la distinción entre un régimen autoritario y uno democrático[1].
Ha sido una semana vertiginosa para la política. Un vaivén que ha puesto en tela de juicio los pilares de nuestra democracia, erosionándola desde su interior, relativizando el abuso del relato político por sobre las instituciones, el Estado de Derecho y la tan famosa, pero hoy un tanto desierta, cultura democrática chilena.
Tras una semana intensa en la arena política, en que se temió inclusive lo peor, La Moneda sigue de pie.
Hoy se difunde por las redes mensajes del tenor de “somos la generación que -inserte alguna supuesta virtud- por eso no tenemos miedo”. Una generación que se ve al espejo y se considera a sí misma como virtuosa persé ¿existirá algo más soberbio en nuestros días? Es bueno recordarle a esta generación, un par de cuestiones.
El Senado logró, al fin, un acuerdo por la paz, los DD.HH. y el orden público. Asumieron que han llegado tarde, que no han estado a la altura y que deben evitar que el vandalismo quiebre nuestra democracia y la convivencia entre nosotros.
El reencuentro como sociedad que se vivió en el acuerdo por la paz y la nueva Constitución parece eclipsarse por los vientos de violencia que han vuelto a azotar el país. No sólo hablo de la violencia que ha destruido más de 100 mil empleos producto de saqueos, caos, destrucción e incendios, sino también de la violencia política.
'El estilo Briones' del nuevo ministro de Hacienda ha destacado por su apertura al diálogo y obtención de acuerdos. El ejemplo más claro es el acuerdo sobre el presupuesto 2020 y la inyección de recursos, con gradualidad y responsabilidad, al sistema de pensiones.
La situación de Concepción es deplorable, preocupante y de carácter urgente. Las movilizaciones efectuadas a raíz de la crisis social y política que atraviesa nuestro país, sí bien han tenido un componente pacífico absolutamente legítimo, tienen un lado B: la sistemática violencia, vandalismo y alteración del orden público.
Toda Constitución, al ser la roca madre o la ley fundamental de una sociedad, posee determinados principios que orientan a […]
Hoy se difunde por las redes mensajes del tenor de “somos la generación que -inserte alguna supuesta virtud- por eso no tenemos miedo”. Es bueno recordarle a esta generación, un par de cuestiones.
Diez principios liberales que debe tener una Constitución para proteger la libertad de todas las personas.
El Senado logró, al fin, un acuerdo por la paz, los DD.HH. y el orden público. Asumieron que han llegado tarde, que no han estado a la altura y que deben evitar que el vandalismo quiebre nuestra democracia y la convivencia entre nosotros.
El reencuentro como sociedad que se vivió en el acuerdo por la paz y la nueva Constitución parece eclipsarse por los vientos de violencia que han vuelto a azotar el país. No sólo hablo de la violencia que ha destruido más de 100 mil empleos producto de saqueos, caos, destrucción e incendios, sino también de la violencia política.
'El estilo Briones' del nuevo ministro de Hacienda ha destacado por su apertura al diálogo y obtención de acuerdos. El ejemplo más claro es el acuerdo sobre el presupuesto 2020 y la inyección de recursos, con gradualidad y responsabilidad, al sistema de pensiones. El problema es que La Moneda se encuentra en una encrucijada.
Las movilizaciones efectuadas a raíz de la crisis social y política que atraviesa nuestro país, sí bien han tenido un componente pacífico absolutamente legítimo, tienen un lado B: la sistemática violencia, vandalismo y alteración del orden público.
La Constitución es la encargada de establecer los poderes del Estado, sus atribuciones o facultades y sus límites en sus ámbitos de actuación. De la misma manera, se encarga, por medio de principios, de fijar el orden jurídico de nuestra sociedad y de señalar los deberes y derechos de cada persona.
«El progreso no es una bendición ininterrumpida.
A menudo viene con sacrificios y luchas»