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Arriba el ánimo Publicado en El Mercurio, 07.06.2026

Arriba el ánimo

Un sabio decía que un optimista cree que vivimos en el mejor de los mundos y un pesimista es el que cree que eso es cierto

Yo he notado cierto pesimismo ambiental, como que la gente está atribulada con la guerra de Ucrania, Gaza, Irán, la crisis del petróleo, el hambre en Cuba, la violencia ambiente y que las noticias económicas no son buenas e inmediatas. Yo en esto soy más bien optimista y creo que hay que mirar las cosas en perspectiva y efectivamente compararnos con nuestros padres y abuelos.

«Hoy estamos mejor que nunca… nos quejamos por los guettos verticales, pero se nos olvida que la alternativa eran los campamentos horizontales»

Que los rusos invadan a sus vecinos, no es nada nuevo. Solo después de segunda guerra mundial los soviéticos bloquearon Berlín el 49 y construyeron un muro el 61; invadieron Hungría el 56, alentaron a Corea del Norte que invadiera el sur el año 50, quisieron instalar misiles nucleares en Cuba el 62, invadieron Checoslovaquia el 68 y Afganistán el 79, obligaron a reprimir a Solidaridad y la Iglesia en Polonia en los ochentas y debe haber varios casos más que se me olvidan.

Que el medio oriente sea inestable y con guerras si que no tiene nada de nuevo. La creación de los estados árabes e Israel después de la segunda guerra mundial. Líbano el 43, Jordania y Siria el 46, Israel el 48. Los ataques contra Israel, el 48, 67 y 73, la crisis del canal de Suez el 56, la guerra entre Irán e Irak el 80-88, la caída del Sha, seguida de la crisis de los rehenes en Irán el 79.

Del petróleo no hablemos, ahí está la crisis del 75 que provocó un caos en occidente y en EE.UU. y UK, una crisis inflacionaria que los mandó directo a una recesión. Piense solo en China que de ser un país de hambrunas y revoluciones culturales durante Mao pasó a ser un país que crece y demanda materias primas. De nuestro país mejor no hablemos, la hiper inflación con estancamiento, violencia y desabastecimiento 1970-73; el doloroso y absurdo proceso de expropiación del agro en los 60, el golpe de estado del 73, el violentismo de izquierda en toda américa, el Mir en Chile, los tupamaros en Uruguay, los montoneros en Argentina, los guerrilleros narcos en Colombia, el maoísmo de sendero Luminoso en Perú, etc.

Hoy estamos mejor que nunca, democracias inestables, pero democracias al fin en América Latina, sin riesgos de guerra como enfrentamos con Argentina o Perú en los 70s y 80s, con un país en que las casas Ley Pereira donde vivían «los ricos» a los que cantaba Víctor Jara, hoy mejoradas son las casas de la clase media que pueblan, Maipú, la Florida, Puente alto y demás comunas santiaguinas. Nos quejamos por los guettos verticales, pero se nos olvida que la alternativa eran los campamentos horizontales, hoy homenajeamos al doctor Monckeberg que trabajaba en contra la desnutrición infantil y que la reemplazamos por obesidad infantil y suma y sigue.

Chile tiene hoy 30% de las reservas mundiales de litio y Cobre, tenemos tratados de libre comercio con más de 65 países, un gobierno formado por adultos responsables, que entienden de desarrollo y progreso y una institucionalidad que no es perfecta pero suficientemente sólida para reaccionar a tiempo contra los despropósitos que de cuando en vez azotan estas tierras, como tener una candidata comunista en pleno siglo XXI.

No todo pasado fue mejor. Los 90s fueron una época dorada, para el mundo y para Chile, pero fue un veranito de San Juan. Colapsó el comunismo en el mundo, en Chile nuestra democracia y la política, ordenada por una constitución y un sistema electoral funcional, servían al desarrollo del país: impuestos bajos y regulaciones simples hacían la pega. Una época dorada con el neoliberalismo creando riqueza y superando la pobreza y las retroexcavadoras usándose para construir y no para destruir pero la izquierda de a poco fue erosionando el sistema hasta que colapsó con el estallido y posterior ejercicio constitucional. De ahí en más empezamos la recuperación, primero la sociedad, luego la política y ahora le toca a la economía.

Por eso yo espero que nuestros empresarios y trabajadores se pongan las pilas, lean los buenos vientos que se avecinan, con desregulación, orden financiero, rebajas impositivas y empiecen a invertir y producir. Tenemos que ganarle la pelea al desempleo, a la violencia y sobre todo al pesimismo. Para eso tenemos un mercado de capitales y una banca robusta, capital humano con miles de profesionales talentosos y recursos naturales generosos. Esta es una oportunidad que no podemos desperdiciar, porque si lo hacemos, no vamos a ser testigos de una crisis, sino que sus víctimas.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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