Liberales, al fin.
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Publicado en El Líbero, 28.08.2026
Publicado en El Líbero, 28.08.2026 Según las cifras del Banco Central, el PIB cayó 0,3% en el primer trimestre y 0,2% en el segundo, y con eso ya hay quienes decretan una recesión en Chile siguiendo la famosa regla de los dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo. Pero eso no es tan así, ni es tan relevante.
No es tan así, porque esa «regla» no existe formalmente. El National Bureau of Economic Research (NBER) —el organismo que decreta las recesiones en Estados Unidos— recomienda algo más útil, que es mirar la tendencia de los indicadores que salen todos los meses, como los del mercado laboral, producción y ventas. Y la economía chilena, si bien avanza lento, no se ha deteriorado en todos esos indicadores. Comparado con el promedio del primer semestre de 2025, durante el primer semestre de 2026, el desempleo subió 0,3 puntos porcentuales, las remuneraciones reales subieron 2,5%, la producción industrial cayó 2,8% y la actividad del comercio subió 3,9%. En general, podríamos decretar una recesión si observamos un deterioro prolongado en todos esos indicadores de forma simultánea, lo cual no se cumple para el caso chileno.
«El progreso de nuestro país sigue en la cuesta arriba que lleva subiendo lento por más de una década debido a factores como un mercado laboral rígido, desincentivos a la inversión a través de impuestos altos y exceso de permisos burocráticos»
Por otro lado, la cifra que muestra una caída del PIB en el segundo trimestre de 2026 todavía no es definitiva y puede corregirse, tal como ocurrió con la cifra del primer trimestre, que originalmente se anunció con una caída de 0,5% y el propio Banco Central la corrigió después a 0,3%.
Además, si observamos la variación del PIB con mayor rigor, usando la serie desestacionalizada —que ajusta por factores temporales—, la «regla» de los dos trimestres ni siquiera se cumple porque el primer semestre de 2026 quedaría con un crecimiento marginalmente positivo comparado al primer semestre de 2025.
Más aún, el bajo crecimiento de lo que va del año podría explicarse, en parte, por algo bueno. Que nuestros políticos por fin están actuando con mayor responsabilidad al soltar el acelerador del gasto estatal que, aunque en menor medida que el consumo e inversión privada, también es parte de la ecuación del crecimiento. Si comparamos la ejecución real del gasto estatal de los primeros semestres de los últimos 14 años, 2026 es el segundo año en que menos creció ese gasto, solo después de 2022, que es un año anómalo por la resaca de la pandemia. Que el Estado gaste más puede hacer crecer la economía en el corto plazo, pero no es sostenible en el largo.
Dicho lo anterior, si hubo o no recesión no es tan relevante hoy, porque ese período «recesionario» ya pasó. El Imacec de junio creció 2% anual, y las encuestas a expertos del sector privado reflejan expectativas de más crecimiento en julio y lo que queda del año. El repunte se observa también en algunos indicadores proxy que se publican más rápido y nos dicen más o menos cómo se vendrá el próximo Imacec, como las ventas de camiones que llevan dos meses consecutivos de crecimiento interanual: +23% en junio y +3% en julio según datos de la ANAC.
Lo que hace grave a una recesión no es la etiqueta en sí ni el provecho político que algunos le exprimen, sino sus consecuencias, como el pesimismo que se contagia en el mercado, la inversión que se posterga y las cicatrices salariales de quienes entran al mercado laboral en un mal momento. Las últimas cifras del Imacec no delatan una recesión Chile, pero sí un crecimiento mediocre de apenas 0,9% anual en la serie móvil desestacionalizada, lo que se traduce a un ínfimo 0,3% per cápita. Esas cifras preocupan ya que se encuentran incluso por debajo del 1,9% que el Banco Central estima como nuestro crecimiento tendencial.
Sin duda enfrentamos un año lento, pero las expectativas de crecimiento para 2027 son cada vez más altas en el sector privado (2,8% en según el levantamiento de agosto). De hecho, expectativas tan altas no se ven desde 2021, en plena pandemia y con la fiebre de los retiros de AFP y ayudas estatales que distorsionaron por completo nuestra economía. Parece que el optimismo de las reformas procrecimiento del gobierno actual ya está penetrando en las mentes de los privados. Excelente.
Eso sí, por ahora, el progreso de nuestro país sigue en la cuesta arriba que lleva subiendo lento por más de una década debido a factores como un mercado laboral rígido, desincentivos a la inversión a través de impuestos altos y exceso de permisos burocráticos. Problemas estructurales cuya forma más eficiente de combatir es con reformas que nos den mayor libertad económica.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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