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Liberales, al fin. Publicado en La Segunda, 26.08.2026

Liberales, al fin.

Realmente delirante la reforma constitucional que propuso el presidente Kast. Delirante total. Al nivel de las ideas plasmadas en esa histórica Propuesta Constitucional que rechazamos el 4 de septiembre de 2022. ¿Quién pudo haber creído que los chilenos íbamos a estar de acuerdo con darle a una sola persona el poder de quitarnos nuestros derechos individuales por hasta 240 días sin preguntarle al Congreso, jueces o cualquier otro ser humano? Increíble, pero ahí está. Sinceramente yo no sé qué pretendían, quizás conversar, quizás provocar, pero bueno, la firmaron y enviaron al Congreso, y no creo que haya sido sin querer. Lo bueno es que toda la derecha, liberales y conservadores, políticos e intelectuales, se levantó en contra. Nadie habría aceptado que algún día Daniel Jadue, Camila Vallejo o Jeannette Jara, comunistas que siguen admirando a Lenin en todas sus dimensiones —deprimente remarcarlo, pero es así—, tuviesen ese poder de encerrarnos o espiarnos por todo ese tiempo y sin freno alguno.

«Volodia Teitelboim, comunista, tuvo que inventar hijos que no tenía, perturbando vidas completas. Si no obedecía, el «Partido» lo purgaba —no se aguantan ni aguantaban «indisciplinas burguesas» en el sexo ni el amor—»

Pobre de todos los chilenos —y especialmente los que no perteneciesen al «Partido»—. A Javiera Parada, cuando era militante del «Partido», ni siquiera la dejaban pololear tranquila, lo que marcó el inicio de su deserción. ¡Qué sería del resto de los chilenos! Años antes, Volodia Teitelboim tuvo que inventar hijos que no tenía, perturbando vidas completas, ya que, si no obedecía, el «Partido» lo purgaba —no se aguantan ni aguantaban «indisciplinas burguesas» en el sexo ni el amor—. En todo caso, así como no queremos que Jadue tenga ese poder, tampoco Kast —y menos Matthei—. Nadie es un virtuoso incorruptible como para contener sus nobles u oscuras tentaciones de información, dinero, desquite o incluso de peligrosos mandatos políticos. Por eso, para que exista un Estado de Derecho —y libertades individuales— necesitamos controles y contrapesos. A la izquierda no le gustan, y por eso Chávez hizo lo que hizo; Kirchner hizo lo que hizo y AMLO y Sheinbaum lo continúan haciendo. Todos ellos buscan el mismo objetivo: politizar la vida social para controlarla y acapararla, quedándose con el poder para siempre, tal como lo proponía esa Convención Constitucional, que eliminaba la igualdad ante la ley y politizaba desde las juntas de vecinos hasta el poder judicial, eliminando con esto último el control final, además del control senatorial. ¿Y esa vez, alguien de la izquierda que hoy grita, dijo algo? Absolutamente nadie, ningún político. ¿Y algún intelectual, artista o académico, en teoría más libres o “liberales”? Ninguno, con la excepción de C.Warnken, A.Velasco, J.Parada y A.Rudolphy entre otros pocos. El resto, nada, en silencio. Uno que otro, peor aún, apenas unos días antes del 4 de septiembre, dijo que rechazaría —habían hecho sus cálculos hasta último minuto y al parecer no les dio—. No tienen principios.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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