Obligar a escuchar, obligar a gestar
El proyecto que propone obligar a escuchar el latido fetal denota cómo el debate es capturado mediante panfletos emocionales. «Escuchar […]
Publicado en La Tercera, 11.04.2016
Publicado en La Tercera, 11.04.2016
Autor: Jorge Gomez Señor director:
Caminando por la calle, Juan viste polerón, jeans y zapatillas. Es un tipo normal. Sin embargo, para Edgardo, el teniente, el orden es más rígido. Una distancia subjetiva entre ambos, convierte al primero en sospechoso. El segundo representa a la autoridad.
A Juan le piden el carnet. Para ello saca su billetera, se le caen las fotos familiares y algunos billetes. Está nervioso. Es quincena y se estaba divirtiendo con unos amigos. Edgardo, impávido lo apura. La ley, promulgada por legisladores que se creen los vigilantes morales del pueblo, lo faculta. El nerviosismo del joven aumenta la sospecha. No tiene el carnet, se le quedó en el trabajo. Tendrá que irse detenido por cuatro horas, hasta que la burocracia policial verifique su identidad. Pero Juan no ha hecho nada, ni tampoco iba a hacer nada. Sólo se estaba divirtiendo, gastando su dinero. Pero para un gobierno omnipotente que pretende vigilar cada acción de sus ciudadanos, eso también es demasiado sospechoso e inmoral.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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