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Trabajos de mierda, la ONU Publicado en La Segunda, 23.09.2026

Trabajos de mierda, la ONU

Eso de que era «difícil socializar» la fracasada candidatura de Bachelet a la ONU por la campaña presidencial es falso, porque en junio o julio de 2025 recién partían las primarias. No había ni candidatos y menos presidente electo. Son simples autojustificaciones basadas en hechos inexistentes que sirven para calmar conciencias y expandirlas en cócteles. Se entiende, es algo humano, pero hay que tener recato, porque incluso lo repiten en radios y diarios.

La retórica del globalismo y la ONU 2030 es algo paranoide, pero tiene un punto: esa institución está cooptada por funcionarios que andan justificando su trabajo constantemente. ¿Ustedes creen que un ministro de Hacienda o Vivienda anda justificando su trabajo? El que no tiene nada que hacer siempre andará justificando su trabajo o peor aún, expandiéndolo —escondiendo su inutilidad—. Es parte de lo que explica David Graeber en «Trabajos de mierda, una teoría», y es lo que le ha pasado a la ONU, a escala monumental. Y a casi todos esos organismos internacionales, cooptados por funcionarios que ganan sueldos millonarios sin siquiera pagar impuestos. ¿Cómo estaríamos con 15 o 30 mil dólares trabajando en Bogotá para la CAF, como Peñailillo? ¿O en Flacso, como hacía antes?


«Esos organismos internacionales son cooptados por funcionarios que ganan sueldos millonarios sin siquiera pagar impuestos. ¿Cómo estaríamos con 15 o 30 mil dólares trabajando en Bogotá para la CAF, como Peñailillo? ¿O en Flacso, como hacía antes?»

Como estudiante de economía durante los dos mil tuve que leer cientos de estudios del PNUD, el Banco Mundial o la OIT. Los leíamos como la autoridad técnica y neutral. Éramos hijos de la gran moderación y todavía no explotaban las redes sociales y la crisis subprime. No sabíamos que el informe del PNUD de 1998 había sido «fabricado» por Pedro Güell, quien años después iba a liderar la agenda ideológica de la segunda Michelle Bachelet. ¿Se imaginan que el informe de la ONU lo hubiese escrito Cristián Valenzuela? ¿Neutral? Parece chiste, pero eso espera el mundo. Tanto así que Boric pidió un nuevo informe, en 2024, a pesar de que oficialmente el PNUD no lo tenía planificado —Chile había sobrepasado cierto grado de desarrollo—. Y ahí apareció el informe, lleno de errores, omisiones y conclusiones sesgadas, todas de izquierda.

Cuando empezamos a graduarnos, compañeros mayores ya renunciaban al BID o al FMI en Washington porque se pasaban meses allá haciendo nada. Luego, como asesor en los ministerios de Economía y Educación, me tocó recibir a delegaciones «expertas» que no diferenciaban un colegio municipal de un subvencionado y, sin embargo, nos daban recomendaciones. Algunos programas del tipo hubo que cerrarlos, porque solo pagaban sueldos a operadores políticos.

Bien por la ONU y tantas otras, y su preocupación por la paz y los derechos humanos. Pero ahora, además de olvidarse de eso, apoyan agendas que piden aumentar su injerencia para simplemente justificar su existencia. Existencia, además, funcional a la izquierda. Un botadero de plata y cementerio para políticos.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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