Aridez y verdor de la dignidad
Si existe algo que está en disputa a nivel político de modo esencial es la noción de dignidad. Si alguien […]
Publicado en El Líbero, 02.10.2026
Publicado en El Líbero, 02.10.2026 El reciente mártir de Carabineros probablemente no será el último. Dejó un hijo de 9 meses que no tendrá recuerdos de su padre y familiares que lo llorarán por el resto de sus vidas.
El homicidio de Cristopher Aguilera no sólo es una tragedia, sino que, además, nos enfrenta con una dimensión irónica de la política nacional: nos ha permitido observar cómo cierta izquierda se ha vuelto profundamente liberal, economicista y amante de Carabineros.
«La nueva izquierda es liberal, economicista y amante de Carabineros porque le conviene. No se engañe, esto es completamente instrumental. Pero una parte de mí se alegra. A fin de cuentas, están defendiendo los fundamentos de una sociedad libre y próspera»
Durante la Convención Constitucional, Jaime Bassa y Constanza Martínez defendían la refundación de Carabineros y, de hecho, miembros de su sector votaron en contra del presupuesto para la institución en 2020. Pero para su gobierno el concepto de refundar mutó en reformar y la dotación en la calle aumentó a 1.300 en 2025. Esta semana han pedido explícitamente que no se reduzca el presupuesto en seguridad. Ahora aman a los uniformados.
Y ya que hablamos de presupuestos, es interesante ver cómo esta izquierda ha rasgado vestiduras por la crisis económica. Gonzalo Winter incluso quiso acusar constitucionalmente al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. Pero durante el gobierno de Gabriel Boric aprobaron el proyecto de 40 horas y la reforma de pensiones, y además aumentaron el sueldo mínimo con un bajo crecimiento. Hoy, consideran una aberración que el gobierno no sea capaz de gestionar los recursos fiscales de manera eficaz y aumentando la inversión. Se han vuelto más «economicistas» que los «Chicago boys».
Increíblemente, el asunto no acaba ahí. Cuando se presentó la agenda de seguridad del gobierno, hubo reclamos por parte de la oposición porque, más allá del nuevo Estado de Emergencia, que fue rechazado transversalmente, algunas de las prerrogativas del Ejecutivo parecían poner en riesgo las libertades individuales de la ciudadanía. Durante la Convención, Gael Yeomans apoyaba el aumento de la potestad e influencia estatal, pero este año pegó el grito en el cielo, denunciando una política pública con ribetes autoritarios. En el fondo, la nueva izquierda es liberal y cree que las instituciones políticas deben ser restringidas para no atentar contra las libertades de las personas comunes y corrientes.
Comprenderá el lector que me encuentro sorprendido por este giro de tuerca. Estamos hablando de la misma izquierda que pretendía supeditar la libertad individual a la demagogia de la Convención. Esa misma izquierda que financió las fundaciones espurias de sus correligionarios con cargo a las arcas del Estado (que llenamos nosotros). Esa misma izquierda que increpaba a Carabineros y exigía su refundación, presentándolos como «enemigos del pueblo».
La nueva izquierda es liberal, economicista y amante de Carabineros porque le conviene. No se engañe, esto es completamente instrumental. Pero una parte de mí se alegra. A fin de cuentas, están defendiendo los fundamentos de una sociedad libre y próspera.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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