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Esclavos del Fondart Publicado en El Mercurio Valparaíso, 26.01.2016

Esclavos del Fondart

¿Qué hubiera pasado si Violeta Parra hubiera postulado a un Fondart? Una artista autodidacta y vanguardista, sin estudios formales ni currículum tradicional, probablemente habría sorteado con muchas dificultades las inflexibilidades de un concurso estatal que exige antecedentes académicos y necesita etiquetar al artista en alguna de sus disciplinas preconcebidas. El talento de Violeta era inclasificable por un formulario burocrático y su trabajo expresivo iba mucho más allá de la genialidad de sus obras musicales. ¿Cómo se hubiera enfrentado Violeta a la estructura de un fondo que le pide categorizar su arte? ¿Cómo hubiera superado la evaluación de un escaso universo de jurados que se turnan año a año para evaluar y ser evaluados?
 
La cultura difícilmente puede quedar presa de un formulario. Al ser una auténtica proyección social de la diversidad humana, requiere en su esencia ser libre y espontánea. Si no existe tal libertad, la cultura -como lo creían los totalitarios Gramsci y Goebbels- se convierte en una herramienta de poder que, desde la plataforma estatal, puede modificarse deliberadamente a través de políticas de propaganda y financiamiento, llegando a controlar los sistemas de creencias y moldeando a su arbitrio el sentido común de las personas.
 
Actualmente el aporte de la sociedad civil en cultura representa solo una quinta parte del financiamiento estatal. El amiguismo reinante en la administración pública y las barreras de entrada de un concurso donde antes que la calidad del proyecto importa el cumplimiento implacable de los requisitos de un formulario, es una estructura muy torpe que no se compara al dinamismo de la sociedad civil. Si queremos mejorar la estructura cultural, antes de crear otro canal de TV fiscal, deberíamos potenciar la participación privada, potenciando a la "industria cultural" como un sector de emprendimiento económico próspero y autosustentable.
 
Son muchas las tareas que el Estado tiene pendientes para lograr este equilibrio: mejorar la ley de donaciones culturales, eliminar el IVA a los libros, potenciar mecanismos de responsabilidad cultural empresarial, desarrollar plataformas de crowdfunding, y tantas otras vías que permitirían finalmente abarcar de manera efectiva la libre naturaleza de la cultura, emancipándola de las discrecionalidades de financiamiento de un Estado que, independiente del gobierno de turno, caerá inevitablemente en la tentación de manipular ideológicamente sus procesos de subsidio.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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