Pesimismo y optimismo

Alguien decía que un pesimista es una persona que en una hermosa mañana de primavera, cuando huele un exquisito aroma a flores, empieza a buscar el ataúd. Los seres humanos, producto de nuestra evolución, somos pesimistas y eso se agudiza con la edad. Siempre miramos con algo de desconfianza a los que nos hablan con optimismo, como si estuvieran tratando de vendernos algo. En cambio, los pesimistas siempre nos parecen serios, realistas y profundos.

El psicólogo Steven Pinker, en su libro ‘En defensa de la Ilustración’ -el que probablemente es uno de los mejores libros escritos los últimos tiempos- retrata con lujo de detalles este y otros sesgos cognitivos de los homínidos. Es una reivindicación del racionalismo y la ciencia en una época en que parecen imponerse el prejuicio y la charlatanería (media hora escuchando al Frente Amplio o a algunos confundidos de Chile Vamos sirven de ejemplo).

Los políticos de todos los colores explotan estos sesgos cognitivos. Saben que desde los comienzos un profeta es quien visibiliza nuestros peores temores, nos muestra el destino más tenebroso para acto seguido calmarnos y decirnos que él es la solución para evitar ese aciago destino y ganarnos la vida eterna. Mis colegas abogados penalistas explotan muy bien esta faceta cuando el cliente les pregunta cuál es el peor escenario en determinada circunstancia. Ellos con total frialdad -precedido de un ‘es poco probable pero no imposible…’- le informa: ‘Terminar preso y como esclavo sexual de un narco’, seguido inmediatamente de un ‘pero no te preocupes, gracias a mí todo va a salir bien’. De ahí a que el cliente le entregue las llaves del auto y de la casa como honorario hay un paso.

En el día a día, mi recomendación es ser un optimista racional. Eso significa trabajar para lograr el mejor escenario posible, pero prepararse para que ocurra el peor.

¿Y cuál es ese mejor escenario posible? Que se elija una Convención Constituyente de gente sensata, estudiosa y tolerante, que consensúe un buen texto constitucional que asegure una sociedad libre, formada por individuos responsables, con una democracia robusta que permita el desarrollo económico y humano de Chile en paz y fraternidad. Para esto Chile Vamos debe unirse de Kast a Kast; poner a un equipo equilibrado de candidatos que combine juventud y experiencia; regiones con Santiago, conocimiento con carisma y políticos con independientes.

Condición necesaria para un proceso exitoso es que el gobierno lidere y ponga orden para que la deliberación constitucional no se dé con un mar de fondo de violencia, funas y saqueos. Eso supone usar el monopolio de la fuerza en forma racional, no proporcional. Si a un carabinero le tiran un piedrazo, no debe responder con otro. Para que sea disuasiva, la fuerza del Estado debe ser abrumadora. Eso mitiga el riesgo de tener que usarla. Pero si es inevitable debe hacerse en forma racional, sin timidez y conforme a los protocolos autorizados. Para evitar la violencia, el discurso público es relevante y las cosas deben decirse por su nombre: los adolescentes del hogar de Talcahuano no son jóvenes soñadores. Ambos tenían antecedentes por actos violentos. Ellos destruyeron el local que los acogía, agredieron a los profesionales que los cuidaban y atacaron violentamente y en patota a los carabineros que acudieron en bicicleta a restablecer el orden. Las declaraciones del ministro del Interior me recuerdan a Allende llamando ‘jóvenes idealistas’ a los asesinos del ministro Pérez Zujovic y del carabinero Gutiérrez.

Nada confunde más a la opinión pública que un discurso que no sintoniza con los hechos, con las decisiones que se adoptan y con el objetivo buscado. No se apoya a carabineros querellándose en su contra, ni se disuade la violencia llamando soñadores a los que la cometen. De seguir así, el Gobierno me evocará a Clinton cuando dijo que ‘gobernar en Washington era como hacerlo en un cementerio: un montón de gente bajo uno, pero nadie que lo escuche’

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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