Inicio » Opinión » Derecho al buenismo vacío
Derecho al buenismo vacío Publicado en El Mercurio, 16.10.2026

Derecho al buenismo vacío

Señor director:

Diego Gil contradice cosas que nadie ha dicho. Nunca dije —ni Eduardo Alemán, quien inició la discusión— que los «derechos sociales» fuesen un invento «reciente» y nadie dijo que llevasen «necesariamente» a políticas demagógicas. El punto es que, por su imprecisión, el término no aporta nada más que autoalabanzas e implica un alto riesgo para la sociedad debido a que nuestros gobernantes y jueces no son ángeles.

Los «derechos sociales» no son derechos y generan obligaciones difusas que requieren recursos de otros sin techo alguno, por lo que solo se administran sensatamente cuando tenemos jueces y gobernantes extremadamente virtuosos.

¿Qué significa garantizar «una vivienda adecuada»? Nadie lo sabe, lo que entrega una oportunidad al populista para fundamentar sentencias o políticas demagógicas, como hizo Pedro Sánchez hace unos días —y tantos gobernantes que han estancado a países de Europa— o hicieron Chávez y sus amigos bajo sus cartas del «nuevo constitucionalismo» —no estancando, sino destruyendo países.

Que existan consensos buenistas sobre los «derechos sociales» no implica que sean correctos y menos aún aceptables para quienes creemos que las constituciones deben defendernos de los demagogos, no darles herramientas inútiles, vagas y potencialmente tan dañinas —como también lo eran los delirantes derechos de la propuesta de 2022 que Gil invitaba a aprobar, cuestionando incluso la necesidad del plebiscito de salida, en una columna en La Tercera.
El «derecho social» es una más de las tantas distorsiones lingüísticas que utilizan todos quienes se autoperciben como buenas personas. El propio Gil hacía mal uso de estas ideas en este mismo diario al oponerse al desalojo de tomas, incluso con sentencia de la Corte Suprema de por medio —curiosa negación del Estado de Derecho para quien firma como abogado—. Citó, además, como argumento un estudio que mostraba las ventajas de reubicar a las familias cerca de su lugar de origen, ajeno a la discusión sobre desalojos en sí. Todo preocupante para un académico de la Escuela de Gobierno de la UC. Qué quedará en la enseñanza de las futuras generaciones.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

ÚLTIMAS OPINIONES

Derecho a confundirse

Hace unos días, en este diario, Diego Gil, de la UC, se enfrascó en una discusión con Eduardo Alemán, de […]

Publicado en El Mercurio, 16.10.2026
Derecho a confundirse

No es necesario recortar el gasto

En una entrevista, el exministro de Economía y de Hacienda, Nicolás Grau, hizo dos críticas al gobierno que me sorprendieron […]

No es necesario recortar el gasto

Yo elijo mis mentiras

Son interesantes los argumentos para justificar el gasto, año tras año, de cuarenta millones de dólares para mantener el programa […]

Publicado en El Mercurio, 16.10.2026
Yo elijo mis mentiras

«La libertad es un derecho humano fundamental,
sin él no hay vida digna»

Súmate a la FPP