Puesto que los comunistas no reconocen límites morales o legales a su voluntad de mantenerse en el poder a toda costa, 'lo único necesario para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada'.
Elecciones pasadas han comprobado que, sin remilgos, ni centrismos, la derecha termina conectando con los votantes, y es más honesto confrontar el mensaje de la izquierda.
Se acerca el momento de decidir si se prefiere un país con libertad, sensatez política y económica, o uno arruinado por el engaño del autoritarismo y del populismo.
Lo que nos convierte en una sociedad libre es que, aunque el Estado tiene vastos poderes, existen límites convencionales sobre lo que puede hacer con ellos.
Ya se sabe, mientras más distancia existe entre la persona que emite el voto y la urna, mayor la probabilidad de fraude.
Nos movemos en un mundo en el que no solo se sospecha de todo menos del poder político, sino que, además, se recurre a él como panacea cuando la historia muestra hasta el cansancio el error de tal conducta.
La enseñanza de Davos es que el totalitarismo sigue vivo y que cada vez hay más personas ingenuas, con segundas intenciones e idiotas dispuestas a imponérnoslo.
No se puede dar luz verde implícita a disturbios durante semanas para luego condenar la locura del Capitolio y esperar que lo tomen en serio.
La sociedad tiene una capacidad y un poder propios para lograr resultados similares a los del confinamiento sin introducir el riesgo de que el poder de gobierno sea utilizado y abusado con fines políticos.
La derecha política, exceptuando algunas opciones marginales, a falta de narrativa propia y a fuerza de asumir los valores del progresismo, no tiene capacidad institucional de torcer la cosmogonía socialista.
Su maleabilidad política con carisma de alto voltaje e instinto político asesino la colocan a la vanguardia de la nueva camada de fiscales generales.
A pesar de las obvias consecuencias catastróficas y antinaturales de las medidas para controlar el coronavirus, no se permitió a nadie opinar en contra o poner en práctica una estrategia distinta.
Hay miles de eventos que representan exactamente lo que el presidente norteamericano describe.
«La libertad no es un regalo de Dios,
sino una conquista humana»