El mérito de la política
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Publicado en El Mercurio, 17.10.2026
Publicado en El Mercurio, 17.10.2026 «Con el nivel de capital humano que tenemos, el país no puede crecer al 3 o 4%. Eso es imposible» afirmó Vittorio Corbo, expresidente del Banco Central, en un seminario de Libertad y Desarrollo hace no mucho. Corbo agregó que enfrentamos «una tremenda restricción de capital humano» y que esa restricción «va a ser horrible en los próximos 10 o 15 años».
La pregunta, desde luego, es qué hace la clase política sobre esta materia. Y la respuesta es simple y directa: declararle la guerra al capital humano. Esto no solo lo hizo con la desastrosa reforma educacional de Bachelet II, sino con la política tributaria y migratoria.
«Lamentablemente nuestra clase política parece solo saber hacer una cosa: exprimir a los ciudadanos para malgastar»
Partamos por el impuesto a la renta. Chile tiene uno de los tramos exentos más amplios de la OCDE. Mientras en el promedio de los países miembros se empieza a pagar impuesto con ingresos equivalentes a cerca del 17% del salario medio, en Chile el umbral bordea el 100%. Esto significa que casi todo el peso de ese impuesto recae sobre las personas de mayor capital humano. Según datos del SII, el 12% de mayores ingresos entre quienes declaran global complementario aporta cerca del 89% de lo recaudado por ese impuesto. Libertad y Desarrollo calculó que apenas el 0,8% de los contribuyentes paga casi el 60%. Esto es claramente abusivo.
Según la propia OCDE, en el promedio de sus miembros el 10% más rico aporta alrededor de un tercio de los impuestos directos que pagan los hogares. Por cierto, no se trata de imitar las tasas efectivas de impuestos personales de la OCDE, que, entre otros factores, ha llevado a países como Alemania a tener fuga de cerebros, sino de pensar en tasas planas más bajas de impuestos que fomenten el capital humano y donde la carga se reparta de manera más justa entre la población.
Y es que el impuesto progresivo a la renta personal- una expresión de envidia explicó Helmut Schoeck- es por definición un castigo discriminatorio al capital humano de profesionales y emprendedores exitosos. A ellos el sistema les aplica tasas marginales de 35% y 40% y además deben pagar aparte por todos los servicios como educación, salud y seguridad porque el Estado que cobra es un desastre en estas materias.
Y si ese profesional joven, que aún debe pagar contribuciones sobre los bienes raíces que compra para poder tener una familia con dinero que ya tributó, logra ahorrar cierto patrimonio luego de pagar impuestos toda su vida, la clase política vuelve a maltratarlo con impuestos a la herencia de hasta 25% sobre lo que ya pagó impuestos. Se trata aquí de otro abuso tributario que países como Suecia, Noruega, Australia y Canadá eliminaron. La reforma recién aprobada lo rebajó, pero debería haberlo eliminado por injusto y contraproducente.
Ahora bien, la política migratoria también castiga al capital humano fomentando el ingreso de personas sin calificaciones que con toda probabilidad terminan siendo receptores netos de impuestos. En cambio, un ingeniero de software indio, técnico francés o un investigador español que quiera establecerse en Chile enfrenta un laberinto de formularios interminables, años de espera, requisitos absurdos y la incertidumbre permanente de un sistema burocrático colapsado. Y si logra superar todo eso, lo espera un impuesto a la renta diseñado para exprimir justamente a gente como él.
Otros países entendieron hace tiempo que el talento y el capital es móvil y que se compite por él. Uruguay ofrece a quienes se radican una exención de 11 años sobre sus rentas de capital del exterior. Paraguay grava solo la renta de fuente local, con una tasa máxima de 10%, y otorga residencia en pocos meses. Portugal creó un régimen de 20% plano durante diez años para profesionales altamente calificados.
En estos tiempos en que el capital humano huye masivamente de ciertos países europeos, Chile debería ofrecer residencia inmediata e incentivos tributarios a quienes, con capital humano o financiero, se instalen en nuestras tierras.
Lamentablemente nuestra clase política parece solo saber hacer una cosa: exprimir a los ciudadanos para malgastar.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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