Estado benefactor: el fin de una ficción
Es curioso que tanta gente seria haya apoyado alguna vez la idea del Estado benefactor, esto es, que se puede […]
Publicado en El Llanquihue, 25.11.2019
Autor: Eugenio Guerrero
Nuevamente los desmanes y la violencia irrumpen en un escenario que parecía haberse calmado con el acuerdo de paz y nueva Constitución.
Pero más allá de renombrar los hechos, propicio sería abordar las causas, y lo que parece estar operando en algunas dinámicas grupales es lo que el psicólogo Johantan Haidt acuñó como la política de identidad del enemigo común. Este tipo de comportamiento, habitual en las pandillas, promueve la búsqueda e identificación de un enemigo en común lo cual conlleva a la activación del comportamiento tribal y la agresiva anulación de la individualidad.
Las motivaciones internas de estos grupos son la guerra permanente y la lucha encarnizada, no hay, espacios para la moderación o el entendimiento, es por ello podo que desprecian la democracia. Si realmente queremos democracia y paz estables, las políticas públicas y la educación cívica deberían encaminarse a desactivar estos mecanismos de violencia grupal que, de manera peligrosa, quieren insertarse en nuestra cultura política.
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