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Removiendo el cómodo consenso Publicado en El Mercurio, 25.05.2024

Removiendo el cómodo consenso

Alguien decía que nada es más obstinado que un cómodo consenso. En la última presidencia de Sebastián Piñera, ganamos la elección, pero no el poder. Nos faltó relato decían algunos, nos faltó épica decían otros y nos compramos el discurso socialista pensamos muchos, y por eso yo nunca fui bacheletista-aliancista. Me parecía que era buscar ser eficiente y probo en la implementación de un programa socialista. Ese consenso de impuestos altos, gasto fiscal creciente y jornadas laborales cortas, puede funcionar en países ricos como Noruega, donde la población no crece, se respeta la ley y la fiesta la financia el petróleo. Pero en Latinoamérica nos ha condenado a la pobreza y a la inestabilidad democrática. La historia enseña que un poco de socialismo sirve, pero si se pasa la mano se ahogan los países. Chile desde que se instaló ese consenso pasó de ser el país que más crecía en Latinoamérica a uno que crece menos que el promedio, de un continente que ya crece poco.

Cuando se gana una elección, pero no el poder, uno juega de visita en cancha ajena. El rayado de cancha lo ponen los adversarios y el límite de lo discutible, lo posible y lo pensable también. Ese rayado era malo, restringía la libertad, erosionaba la democracia, estancaba el progreso, nos envilecía moralmente, dañaba la educación y agredía nuestros valores como nación. En realidad, era un resumidero de malas ideas que nunca fue mayoritario, como demostró el plebiscito constitucional.

«La historia enseña que un poco de socialismo sirve, pero si se pasa la mano se ahogan los países. Chile desde que se instaló ese consenso pasó de ser el país que más crecía en Latinoamérica a uno que crece menos que el promedio».

Por eso en la próxima elección desafiaremos ese consenso con un planteamiento simple y claro. En el lenguaje ideológico no confundimos mérito con privilegio, segmentación con segregación ni selección con discriminación. Detestamos las pérdidas y no las utilidades (lucro), éstas son las que financian el gasto social no las otras. No consideramos inmoral la desigualdad, sino que lo realmente inmoral es que sabiendo como crear riqueza no terminemos con la pobreza, esto significa que no envidiamos a los pocos que ganan mucho, sino que nos preocupamos de los muchos que ganan poco. A los más vulnerables les prometemos mejorar su educación con más libertad y capacitación y darles oportunidades laborales en el sector privado con más inversión. No les prometemos reducir su jornada, ni darles más vacaciones, ni jubilaciones anticipadas, sino que más oportunidades de trabajar, mejorar sus salarios y construir su futuro.

Nos preocupa la seguridad, no porque queramos militarizar el país, al contrario, la militarización es el resultado de mala política, mala inteligencia y malas leyes. En política respaldaremos a la policía y le daremos todos los derechos que un juicio justo y especializado exige. Sacaremos una ley de inteligencia civil, como tienen todos los países civilizados que quieren terminar con el crimen organizado. La policía tendrá derecho a usar la fuerza, para defendernos, en forma racional pero abrumadora. Nada hay más disuasivo para la violencia que enfrentarla con una policía entrenada, armada y con respaldo político.

Fomentaremos la creación de trabajo y riqueza para que coñetes y filántropos inviertan. Estas son 2 caras de misma moneda, mientras más riqueza hay más trabajo y viceversa. Para eso facilitaremos hacer negocios, simplificando permisología, terminando con la litigiosidad y reduciendo la burocracia. El Estado invertirá en vivienda y agua. Tenemos la tecnología, el conocimiento y el capital para terminar con la sequía y la falta de casas. En impuestos no le vamos a pedir más plata a la gente y vamos a bajar el impuesto al promedio de la OCDE e igualar la tributación de los chilenos y extranjeros. Finalmente, al sistema político lo reformaremos para reordenarlo y ponerlo al servicio del país y no tener al país a merced de la política.

Debemos superar el sopor socialista y hacerlo unidos no divididos. El desarrollo termina en socialdemocracia, pero no parte por ella. Esta les acomoda a los políticos, que les gusta administrar un Estado rico y poderoso y por eso la sociedad civil debe emplazarlos y ordenarlos. Es responsabilidad de todos preocuparnos de la política porque si usted no está interesado en ella, a la política si le interesa usted.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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