«Con la economía me las arreglo, con la seguridad no»
Se ha fijado que el Metro de Santiago permanece limpio y sin rayas. Esto porque el Metro inmediatamente recoge la […]
Publicado en El Mercurio, 09.09.2021
Publicado en El Mercurio, 09.09.2021 Señor Director:
Es cierto, como dice José De Gregorio, que algunos economistas —los menos— se equivocaron sobre la hecatombe, pero no fue por asustar, sino porque la liquidación de los ahorros para nuestras pensiones de verdad era algo complicado que se logró manejar, especialmente gracias a la acción del Banco Central. Sin embargo, el desfonde implícito de nuestras finanzas públicas y el desprestigio de nuestras instituciones y políticos otrora alabados eran evidentes e ineludibles, y la consecuencia en las tasas en el largo plazo también.
Además, el principal problema, y el que De Gregorio señala ayer en su carta, era para el futuro: nuestras pensiones. A pesar de esto, fue él mismo uno de los principales técnicos que hicieron de bisagras al apoyar el primer retiro con fórmulas solo útiles para esquiadores de Aspen, siendo que teníamos mucho espacio financiero como Estado. Hoy, sorpresivamente, se muestra claramente en contra del cuarto retiro y los futuros posibles.
Esto es más sorpresivo aún, ya que él, en su tiempo, decía que criticarle 'abrir la puerta' al primer retiro no tenía sentido como argumento —no filosofaremos sobre la pertinencia argumentativa de la pendiente resbaladiza—. Bueno, todo lamentable.
Además, me gustaría notar otra contorsión intelectual en carta de ayer a su diario: Renato Cristi afirma que la única forma de aportar al bien común y al ámbito de lo público es a través de bienes y actos estatales. El resto de las acciones serían voluntarias, privadas, propias de la sociedad civil, y no aportarían nada. Esto es una dicotomía intelectualmente estéril y forzada. Para él, la Fundación Las Rosas y la Unión de Ornitólogos de Chile no aportarían al bien común. Tampoco la Teletón y la Universidad de Concepción. Un simple espejismo, ya que no hay nada inherente a un bien que le permita ser calificado como público o privado, y menos si aporta o no al bien común. La naturaleza de los bienes es contingente y está en constante evolución. Todo lamentable, deprimente.
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