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Más asustado que el chofer de Daniel Publicada en El Mercurio, 22.07.2023

Más asustado que el chofer de Daniel

Son las 11 de la noche en el Ministerio de Desarrollo Social.

«¿Y usted, a qué viene?»

«Vengo de parte del ministro a buscar 23 computadores y la caja fuerte».

«Perfecto, pase».

«¿Y para qué me pregunta?»

«Perdón, es que pensé que venía a hacer lobby, porque entonces tiene que pedirlo por la página web, esperar que lo citen, registrar su nombre, RUT, y dar el motivo de la visita. En cambio, si viene después del horario de trabajo a buscar la caja fuerte, no le pedimos nada y se lleva lo que quiere. De hecho, si le da calor, no hay problema que se saque el gorro rosado».

En el juicio por corrupción contra Daniel Jadue «se perdieron» las grabaciones que lo incriminaban. En la investigación contra Revolución Democrática -partido cuyos miembros más que habitar los cargos pareciera que quieren apropiarse de lo que tienen a cargo- se acaban de robar los computadores del Ministerio de Desarrollo Social que lo dirige un insigne militante. Esto se suma a varios curiosos incidentes de pérdida de evidencia. En Argentina suicidaron al fiscal Nisman porque sabía demasiado. Acá, si yo fuera el chofer del alcalde investigado, estaría pidiendo protección.

«Conociendo a este gobierno, no hay de qué preocuparse con la investigación del caso. Quedará a cargo de la fiscalía donde se perdieron las grabaciones de Daniel. Los peritajes serán hechos por los físicos del juicio del capitán Maturana. Y la autopsia la hará el doctor que le dio la licencia por "enfermedad" a la diputada Catalina Pérez»

El sueño erótico de los abogados criminalistas es que desaparezca la evidencia incriminatoria, que el testigo tenga una epifanía y cambie de opinión callando todo lo que sabe u olvidando todo lo que vio o en la versión moderna, que alguien en algún lugar decida borrar los discos duros o robar los computadores.

Hay muchas formas de hacer desaparecer evidencia o de intimidar a un testigo. Me acuerdo de la escena de El Padrino cuando Frank Petangeli (Michael Gazzo) va a declarar en contra de la familia Corleone. Como no podían matarlo porque estaba custodiado, discurren un plan alternativo. El día de la audiencia, a último momento aparece Michael Corleone (Al Pacino) acompañado del hermano de Petangeli, a quien había hecho traer desde Sicilia. El testigo estrella de la fiscalía lo ve, se da cuenta de la amenaza e inmediatamente cambia su testimonio. Después, como no se podían dejar cabos sueltos, el consiglieri Tom Hagen (Robert Duval) visita a Petangeli en la cárcel y le sugiere suicidarse a cambio de que a su familia no le pase nada. En la escena siguiente se muestra a Petangeli cortándose las venas en la tina.

El problema es que calvos malos parecidos al ministro hay varios. Se me vienen a la mente Daniel Garay, Sergio Jadue o el Pelao Vade. Cualquiera de esos impostores podría aparecer de noche, presentarse como el ministro y pedir la caja fuerte. De hecho, se está pensando en ellos para interpretar Dónde está el El Padrino IV, una comedia autobiográfica cuyo guión consiste en que el nuevo padrino Giorgio Corleone se autoamenaza de muerte, se autodefiende y se autodesigna padrino. Es la versión cinematográfica de un libro de autoayuda.

Conociendo a este gobierno, no hay de qué preocuparse con la investigación del caso. Quedará a cargo de la fiscalía donde se perdieron las grabaciones de Daniel. Los peritajes serán hechos por los físicos del juicio del capitán Maturana. Y la autopsia la hará el doctor que le dio la licencia por «enfermedad» a la diputada Catalina Pérez.

Clave por su perspicacia investigativa fue la advertencia de la vocera de gobierno Camila Sherlock que, en tono grave, dijo: «No parece ser un robo común» (magister dixit). Sin esa advertencia, los sabuesos a cargo hubieran supuesto que era un robo ordinario en que unos lanzas a chorro, aburridos en el Paseo Ahumada y después de leer el Economist, se enteraron que sin reforma tributaria no valía la pena robar en el Ministerio de Hacienda porque ahí no había plata y optaron por el Ministerio de Desarrollo Social.

Mientras tanto el gobierno ha decidido perseguir los delitos de cuello y corbata cometidos por ejecutivos que contaminan el medio ambiente. Es mucho más necesario que perseguir a los que usan pasamontañas y queman iglesias y escuelas.

La verdad es que esto sería cómico si no fuera cierto. No queda más que llorar y seguir contando los días para que termine un gobierno que más que refundar el país parece que se lo quiere fundir.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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