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Los apruebistas Publicado en La Segunda 14.09.2022

Los apruebistas

Hay dos cosas desagradables, pero chistosas, de no ser de izquierda (tampoco soy de derecha, «querido lector», como diría una antigua bloguera de granjas orgánicas). La primera es ser considerado malo, malvado. La otra es que te apunten como un engendro alejado de «la voz del pueblo», de lo que piensa la mayoría.

La primera, a pesar de lo ridícula, es popular. Basta pensar en lo exitoso que ha sido el jesuitismo en todas sus variantes —aunque hoy la variante principal esté de capa caída—. No hay que olvidar que Giorgio Jackson, el PhD en bondad, ya remarcó su humilde superioridad. ¿Y qué será de Bendito Baranda? Le faltaban horas en el día para ser mejor
persona con los demás, decía.

La segunda también es ridícula. Nunca he entendido el entusiasmo intelectual, ese de autoridad, por lo que piense «la mayoría», especialmente en discusiones de bares, livings o terrazas; y para qué decir bajo parrones con empanadas y vino tinto. ¿Qué importa que la mayoría de los chilenos esté contra el aborto?¿Y qué importa si no quieren un Banco Central autónomo?

El jesuitismo académico aseguraba con tesón que Chile era un país vergonzoso, que Piñera «jugaba a la ruleta rusa» con los chilenos y que había que hacer un «cortocircuito». Boric dijo que sus críticas durante la pandemia eran de «buena fe», pero eso es imposible, ¿cómo alguien podría haber afirmado con ese nivel de seguridad —y antipatia— que la subsecretaria Daza y su equipo estaba haciendo todo, pero todo, evidentemente mal, cuando nadie, pero nadie, en el planeta Tierra sabía qué hacer?

"Chile no es un desastre, ni lo fue y este plebiscito destruyó para siempre el mito insoportable de que una mayoría de chilenos creía lo contrario"

Chile no es un desastre, ni lo fue y este plebiscito destruyó para siempre el mito insoportable de que una mayoría de chilenos creía lo contrario. ¿Se imaginan a Baradit y Gaspar Dominguez celebrando y abusando de lo que tantos, sino todos, los apruebistas les celebraban con emoción? Yo simplemente no sé cómo gente «culta y en su gran mayoría honesta», como los llamó Genaro Arriagada, pudo haber votado Apruebo. Juntas de vecinos «oficiales» y gremios «colaboradores» iban a pasar colados.

Ahora inventan que la instalación de mentiras los hizo perder. «Trumpistas», los llamó otro académico que se viste de neutral, Juan Pablo Luna. Algunos de los constituyentes han dicho que debieron haber conversado más con la derecha. El mismo Atria dijo que lo intentó, pero que no pudo, pero eso es falso: acuérdense que él y sus amigos querían bajar los dos tercios de la convención, pero luego de que la derecha no obtuvo el tercio dijeron no importa, démosle nomás, la derecha ya no existirá acá.

La historia nos ha enseñado una y otra vez —y especialmente estos últimos años— que toda esa «gente buena» era todo lo contrario. Esos «cultos y honestos» que votaron Apruebo, quizás solo para sentirse bien, no sé con quién —ellos sabrán—, algo deberían hacer.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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