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Publicado en La Segunda, 11.11.2016
Publicado en La Segunda, 11.11.2016 Más allá del escándalo de que un discurso como el de Donald Trump haya seducido a casi 60 millones de estadounidenses, hay otro hecho nuevo para la historia política moderna: la totalidad de la prensa escrita y digital hizo lo imposible por descalificar al candidato Republicano y su efecto fue nulo, o incluso contrario. La "opinión pública", la famosa opinión políticamente correcta, reflejada, y muchas veces incluso manejada, por la todopoderosa prensa, se escabulló. El periodismo dejó de reflejarla y menos pudo manejarla. Además, esta "opinión pública" dejó de ser políticamente correcta —o quizás, la verdad, nunca lo había sido—. Los dichos de un profesor estadounidense iluminan bien este punto: el voto de Trump refleja lo agotada que está la gente de que la cataloguen como "demente" por tener armas, rezar o creer en la educación privada. Para qué decir lo que significa ser considerado como "facho" por simplemente no adherir a la estética de la revista New Yorker o no encontrar un santo a Obama —cuya ciega devoción de muchos chilenos parece, a lo menos, extraña—. Según un profesor de la Universidad de Northwestern, a Hillary Clinton la apoyaron 360 medios de comunicación y a Trump apenas 13. Sin embargo, en redes sociales las diferencias se invertían: los números de seguidores y las diferentes interacciones digitales sobre actos de campaña u otros posteos eran 10 o 30 veces mayor en Trump que en Clinton. La opinión pública, por lo tanto, habría emigrado y el "cuarto poder", por lo mismo, estaría siendo menoscabado.
Habrá que ver si esto es un mero hecho puntual o una realidad. Por mientras quedará pensar que Trump estaba actuando y fue entendido por sus votantes más simbólica que literalmente. Además, es hora de que finalmente muchos se iluminen y reconozcan la importancia del liberalismo, la ideología escéptica de condenar a quien le guste cazar o rezar. La ideología que, defendiendo los derechos individuales a la vida, seguridad y propiedad, es escéptica tanto de los otros juicios absolutistas como del mismo ser humano y que, por esto último, trata con la misma sospecha a la "opinión pública" y al poder —y que, por cierto, busca limitarlo—. Los Padres Fundadores de EE.UU. lo previeron. Trump será entonces, desde este mismo momento, una gran prueba para su Constitución.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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