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La batalla de la Merluza Publicado en La Segunda, 30.08.2023

La batalla de la Merluza

La próxima vez que me toque escribir ya habrá pasado el 11 de septiembre. No sé si seguiremos hablando de los 50 años—al menos nos ha hecho revisitar la historia—, pero ya habrá pasado esa fecha maldita, esa que nos llevó a una dictadura.

La idea del Gobierno de santificar a Salvador Allende y la UP no resultó. De hecho, incluso con estallide, purgas oficiales, y todo, parece que les salió el tiro por la culata. La aparición del libro de Patricio Aylwin sobre la UP ayudó. En la presentación, una desasosegada presidenta Bachelet dijo que para ella no había sido una época violenta, sino de sueños —como si fueran excluyentes, además. Diferentes subjetividades, dijo, ya que con suerte había visto un linchaco. Además de ostentar una subjetividad extraña, y ajena incluso a las declaraciones oficiales de su partido —el PS, del cual era dirigente—, minimizó los linchacos. No sé ustedes, pero no veo linchacos todavía, con la excepción de una vez que se los vi, junto a unas manoplas, a unos amigos adolescentes que se las daban de amedrentadores callejeros en cunetas del barrio alto y fiestas pijes. Poseros, nunca los usaron —y menos en acción política, cuestión que ni siquiera existía en su imaginario—. Quizás eran sadomasoquistas, no sé, no los veo hace años.

«Fue lo que Allende llamó "La batalla de la Merluza". Ante el desabastecimiento de carne y las ollas vacías en una economía destruida, el gobierno hizo llamar a tres buques factoría soviéticos, el Astronom, el Yantar y Sumi, para alimentar a los chilenos».

El libro de Aylwin es una crónica en primera persona de la UP. Cuenta sus actos y vacilaciones, con la sobriedad, lenguaje y claridad de un gris profesor DC. Era odioso con la riqueza y se le nota consciente de su responsabilidad como líder. Cuenta cómo le reclamaba a Allende por las sistemáticas violaciones de derechos humanos que cometía su gobierno que, entre otros, expulsaba de las empresas estatales a quienes militaban en otros partidos —memorable es el caso de Sumar—, requisaba empresas sin razón y coartaba la libertad de expresión —expropiando radios, imponiendo precios ridículos en publicidad para estrujar medios, o cerrando, suspendiendo o derechamente allanando diarios, radios y canales de TV, como el de la U. de Chile—. Hay mucho más, conviene leerlo.

Aylwin, eso sí, no menciona lo que Allende llamó «La batalla de la Merluza». Ante el desabastecimiento de carne y las ollas vacías en una economía destruida, el gobierno hizo llamar a tres buques factoría soviéticos, el Astronom, el Yantar y Sumi, para alimentar a los chilenos. «Pesqueros soviéticos aumentarán un 44% la producción nacional», decían diarios oficialistas. «La parrilla está vacía», titulaban los contrarios. «La Merluza», cantaba Quilapayún contraatacando. Con Allende y la UP todo era una lucha; cual Fidel Castro y famosa «zafra de los diez millones» en 1970, obviamente fracasada.

Quizás la presidenta Bachelet esos años también vio solo opulencia, estabilidad institucional y precios sanos. Quizás qué habrá visto en la Convención, y quizás qué estará viendo en el actual Consejo. Quién sabe, subjetividades.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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