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Forbes Centroamérica: Una economía contra el «populismo» Publicado en Forbes Centroamérica, junio - julio 2023

Forbes Centroamérica: Una economía contra el «populismo»

imagen autor Autor: Axel Kaiser

La convicción de lograr un movimiento intelectual en América Latina sobre la ciencia económica, ha sido el punto de arranque del abogado y doctor en Filosofía, Axel Kaiser, para quien el aprendizaje de los principios complejos de la economía, de una manera simple, «es vital para que la ciudadanía no se deje llevar por demagogias».

Kaiser no teme a la censura. Y lo demuestra mientras conversa con Forbes Centroamérica, en Panamá. El también presidente de la Fundación para el Progreso (FPP) y autor de El economista callejero (2021), busca quebrar el «analfabetismo económico» que ha convertido a la región en «una presa fácil del populismo».

Expone: «Hay muy poco material disponible que explique los asuntos económicos de manera sencilla, fácil de entender y amable para el lector. En consecuencia, la discusión económica termina siendo una jerga de especialistas, entre quienes están en su torre de marfil o a nivel político, con conceptos que la mayoría no domina ni tiene que dominar».

«Los problemas de nuestros países y de los seres humanos tienen un origen en la manera en que pensamos el mundo. Si creemos en la democracia liberal, en una economía abierta, libre y competitiva y en que tenemos que ser justos y empáticos, tendremos menos conflictos».

En 144 páginas, El economista callejero recoge 15 lecciones presentadas al lector a través de un resumen «exigente» y «simple». Kaiser insiste tajante en que se trata de una propuesta «para alfabetizar económicamente» y «ganar una parte importante de la batalla contra el populismo, como una contribución decisiva».

Para el escritor chileno «los teóricos tienen un problema grave y es que no conocen los límites de la realidad, y para diseñar instituciones y políticas de gobiernos justas debes tomar en cuenta estas limitaciones y eso te lo enseña la ciencia económica».

Sin alejarse de la realidad, Kaiser fantasea con una América Latina con niveles de seguridad y de vida similares a los de países desarrollados. «La intención con este libro es ofrecer una especie de vacuna mental, en contra del virus populista demagógico para la ciudadanía y mi motivación es el amor genuino por la gente de América Latina».

UN TODOPODEROSO

Entre sus reflexiones, Kaiser dispara el control que el Estado ejerce sobre el dinero, el poder y la fuerza. «Una gran responsabilidad del liderazgo político es contribuir a un discurso y a una narrativa que estimule psicológicamente la creación de riqueza, la inversión y la innovación. No sólo depende de políticas públicas; también hay un impuesto psicológico que impones como sociedad cuando a la gente que crea valor, a los innovadores, los tratas mal todo el tiempo, los ves con sospechas y dices que lo que tienen se lo robaron a otro; cuando tienes un ambiente así, a estas personas no los motivan a innovar y buscan otro horizonte».

«Los problemas de nuestros países y de los seres humanos tienen un origen en la manera en que pensamos el mundo. Si creemos en la democracia liberal, en una economía abierta, libre y competitiva y en que tenemos que ser justos y empáticos, tendremos menos conflictos. Pero si consideramos que los ricos son explotadores que hay que sacar del escenario, tendremos sociedades arruinadas y elegiremos a redentores o mesías que nos van a condenar a la miseria. Creo que lo que tenemos que hacer es cambiar nuestra cosmovisión para acercarnos más a la de países desarrollados», detalla.

Sobre el papel del sector estatal frente a los retos del libre comercio, la propiedad privada protegida y la innovación, manifiesta que América Latina adolece constantemente de la fuga de talentos. «La tragedia de que nuestro capital humano suela irse, la gente más preparada, es un tema. El otro es tener políticas que además creen los incentivos para que la gente pueda beneficiarse de su talento, de su trabajo y beneficiar a otros; esas dos cosas son las que el Estado tiene que garantizar, y por último, en materia de derechos de propiedad, el rol del Estado y los políticos con los impuestos que les pagamos es dar garantía del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad».

El contraste con la actualidad, radica, en que «en América Latina tenemos los Estados más grandes del mundo, en muchos países con el nivel de gasto público más espantoso y los de delincuencia y criminalidad más altos; entonces, ese rol se discute poco; así que antes de pasarle un peso más a nuestros políticos, deberíamos exigirles que lo que ya está, no lo despilfarren, ni se lo roben en escándalos de corrupción además de cumplir con su obligación que es que podamos andar tranquilos en las calles», señala.

Y no duda en asegurar que «el virus mental del tercermundismo es el anticapitalismo».

El anticapitalismo, según reflexiona, es una posición de «principios, ideológica y valórica que rechaza cierto arreglo institucional y social que permita a las personas perseguir sus propios fines, desplegar sus talentos y potencialidades», y beneficiarse de ello, claro.

«La razón por la cual existe esta mentalidad anticapitalista es porque muchas personas se frustran al ver el éxito ajeno y entonces tienes un sistema que crea desigualdades y fomenta la envidia y el resentimiento y preferimos casi en algunos casos, tener igualdad en la mediocridad, en lugar de tener diversidad y desigualdad en la riqueza, donde todo esté mejor, aunque de manera desigual», explica.

«El problema del anticapitalismo es que si controlas el poder del Estado y abres grandes espacios para la libertad económica, el poder político tiene menos injerencia en la vida de las personas y a muchos políticos les conviene como negocio hablar en contra de los arreglos de mercado privados y de libertad individual, porque donde no hay libertad individual está el poder político metido. Así que hay muchas razones por las cuales tenemos esta mentalidad anticapitalista que es propia del tercermundismo, y si no la superamos, estamos condenados a continuar en la miseria», analiza.

Al ahondar en el papel de la Fundación para el Progreso (FPP), que nace en 2012, añade que han logrado impactar en la mentalidad de mucha gente joven «que hoy día ya no se deja engañar por los populistas de siempre, sino que creen en la libertad económica, en la democracia liberal, en el estado de derecho, así que estoy contento».

«Es uno de esos trabajos que tienes que hacer. Siempre digo que la batalla de las ideas es como la quimioterapia: si tienes cáncer te la tienes que hacer porque sí, y probablemente te vas a salvar, aunque no tienes la garantía; entonces este es un trabajo inevitable», concluye.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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