En fin, la hipotenusa
Lo que omiten de forma antojadiza desde la actual oposición, es que tanto el CFA como el FMI valoran explícitamente que este proyecto fomente el crecimiento.
Publicado en El Pulso 07.09.2015
Publicado en El Pulso 07.09.2015
Autor: Jorge Gomez
Detrás de todos los escándalos respecto del financiamiento político está el poder en su noción más pura y básica, como algo indescriptible, extraño, seductor, vicioso y sobre todo adictivo. Algunos creen que sus convicciones, su supuesta estatura moral o los altos fines que dicen promover, los hacen inquebrantables frente a los influjos que conlleva el ejercicio del poder político.
Pero lo ocurrido con el senador socialista Fulvio Rossi desmiente aquello. Nadie es infalible al poder, aunque pertenezca a un partido que proclame la igualdad para todos. Lo preocupante y paradojal es que frente a casos donde claramente está el poder presente, se obvie abordarlo aun cuando es el problema central en cualquier sociedad.
Parece que hemos vuelto a la ingenuidad que presumía que los gobernantes eran seres inmaculados y bondadosos, libres de los vicios y bajezas humanas. Se nos olvida que el afán de más poder y la necesidad de mantenerlo -sobre todo el de carácter político- es una constante humana, frente a la cual muchos están dispuestos a todo, incluso a corromperse.
Este es un problema que no se resuelve simplemente reemplazando cargos, sino que restringiendo el ejercicio del poder. Sin embargo, de manera extraña, frente a los escándalos que aquejan a líderes políticos hemos olvidado que el poder que ejercen debe ser acotado y no abultado.
Es tal el nivel de confusión que muchos proclaman, como solución a la corrupción, agrandar la burocracia estatal de manera elefantiásica. No ven que eso acrecienta las clientelas partidarias y la capacidad de ofrecer favores o privilegios -a empresarios inescrupulosos por ejemplo- de las cuales se alimentan los caudillos políticos.
Por eso, las reprobaciones hacia Rossi por parte de miembros del PS no dejan de ser meras quejas hipócritas con pretensión moral -como el enjuague bucal con la probidad y la transparencia de Bachelet frente a la Comisión Engel-, porque son ellos mismos los que proclaman la ampliación del poder estatal y sus influjos corruptores.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
Lo que omiten de forma antojadiza desde la actual oposición, es que tanto el CFA como el FMI valoran explícitamente que este proyecto fomente el crecimiento.
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