Los costos del buenismo inmigratorio

Esta semana, un video de inmigrantes golpeando a Carabineros en Iquique azotó las redes sociales. Impacta sobretodo por ser un contenido violento, pero también porque transgrede muchos de los valores propios de una sociedad. Si bien, en los últimos años ha existido una narrativa contraria al Estado de Derecho, la Historia de Chile y sus Emblemas Nacionales, la verdad es que estos hechos demuestran que dichos valores están más enraizados de lo que todos creíamos y, ¡enhorabuena que así sea! Sin embargo, ante tan brutales hechos, arrastrados desde hace meses en Iquique, la situación ha dejado de ser una mera defensa del territorio nacional. 

El 25 de septiembre del 2021 se presentó en Iquique una marcha de 5.000 residentes chilenos en contra de los “refugiados”. Los actos violentos escalaron y terminaron por la quema de las carpas de inmigrantes de las plazas de Iquique. Antes tales hechos, sin duda lamentables, muchas figuras se elevaron para criticar a los iquiqueños de xenófobos. Sin embargo, la situación nunca fue tan simple. Muchos chilenos habían reportado que la ciudad no daba abasto y, hoy en día, testimonios de residentes cuentan cómo los robos, asaltos, tráfico de drogas y actos violentos han aumentado en la región.

El encuentro de dos sociedades es siempre complejo. Es intrínseco al ser humano incomodarse al entrar o recibir extranjeros, y más aun cuando ambos deben compartir recursos escasos. Lograr una correcta integración de los inmigrantes es un desafío muy complejo. Sin embargo, según los datos de la Organización Internacional para las Migraciones el 3,6% de la población mundial es migrante. Ante dicha realidad, cada día más cercana a Chile, debemos preguntarnos cómo lograr una migración sana y regulada. La inmigración entrega muchos activos a los países, ésta es una gran fuente de innovación, creatividad y progreso. En el caso de Chile, es evidente cómo el país se ha enriquecido con la llegada de inmigrantes en su historia y en la actualidad. Sin embargo, esto es muy distinto a defender ideas laxas respecto a una inmigración irregular cuyas consecuencias solo recaen en inocentes. 

Lejos de buscar intensificar los prejuicios que afectan a los inmigrantes, el objetivo del presente es el opuesto. Si los gobiernos continúan fracasando en el proyecto integrador, las crisis migratorias se intensificarán. Y son estas inflexiones las que nada aportan al intento asimilador e integrador de la sociedad civil. Por ello, es de suma relevancia que los gobiernos comprendan la importancia de las fronteras, limites y el Estado de Derecho, todos elementos esenciales para lograr una convivencia intergrupal. 

Por todo lo anterior, se requiere total firmeza contra aquellas voces —ayer estrepitosas, hoy silenciosas y mañana quién sabe cómo—que defienden que “el problema de Chile es que hay demasiados chilenos” (como twitteó el presidente electo hace algunos años). Pues estas ideas de total apertura y laxitud que hoy se consagran como “políticamente correctas”, pueden hacer un daño irremediable a los mismos chilenos en zonas fronterizas, pero sobretodo a los mismos inmigrantes. Todos buscan unidad, y como diría el historiador de Roma Pierre Grimal, “no hay grandes siglos sin esa fe unificadora”, pero bien sabían los romanos que dicha unidad jamás llegaría, mientras los distintos pueblos no se adhirieran y aportaran al proyecto unificador. Por esto, los inmigrantes merecen el respeto de sus derechos, pero jamás debemos olvidar que estos siempre están sujetos a deberes y que se enmarcan necesariamente en el orden y la ley. 

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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