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El Presidente, las multinacionales y los prejuicios Publicado en El Mercurio, 30.09.2023

El Presidente, las multinacionales y los prejuicios

Se despierta en la mañana y prende la luz provista por Enel (multinacional italo/española), mira la hora en su reloj Rolex (multinacional suiza representada por Parived), se ducha con agua potable suministrada por Aguas Andinas (franco/española) se jabona con Le Sancy (anglo/holandesa) se viste con ropa de Ripley (multinacional chilena), toma desayuno con pan Bimbo (mexicana) y cereales Nestlé (suiza). Prende su Tv y ve CNN (EEUU), lo pasa a buscar su chofer en un Chevrolet (EEUU), se monta en una autopista de Ontario Teachers (Canadá), se detiene en una COPEC (multinacional chilena), se compra un café en Juan Valdez (colombiana), llega a Pudahuel (multinacional francesa) para tomar su vuelo Latam (EEUU/chileno/qatarí) y dirigirse a Nueva York, donde prende su computador Apple (EEUU) y lee su discurso despotricando contra las empresas multinacionales.

Cuando uno escucha al presidente de Chile denunciar ante la ONU a las empresas multinacionales (un déjà vu recocido de Allende contra la ITT), se pregunta en qué mundo de ignorancia y prejuicio vive este. Pareciera que leyó «Las venas abiertas de Latinoamérica» (que ni el propio Galeano defiende hoy día) y se queda en puras consignas y prejuicios que no hacen ningún sentido en el mundo moderno. Por eso, un hippie/genio como Bob Marley, los condenaba diciendo: «El prejuicio es una cadena que puede aprisionarte. Si prejuzgas no podrás moverte y mantendrás esos prejuicios por años. Con eso nunca llegarás a ninguna parte».

«El caballero tiene que ser consistente. Uno no puede luchar por un mundo global e integrado en lo político pero ser nacionalista, estatista y proteccionista en lo económico. No se puede pasar de criticar a las multinacionales para después invitarlas a invertir en Chile»

Las multinacionales han mejorado nuestras vidas limpiando las aguas, desarrollando tecnologías y creando remedios para las más diversas enfermedades, incluyendo el Covid. ¿O usted cree que la vacuna que le salvó la vida es cubana? La participación de las multinacionales en Chile ha sido virtuosa. Invierten bajo el predicamento de ser buenos ciudadanos corporativos y de cumplir las reglas. También mejoran las condiciones de seguridad laboral, remuneraciones y calidad de productos y servicios. Cualquiera que haya tenido alguna exposición a empresas internacionales sabe como suben los estándares cuando ellas compiten.

Por supuesto que cometieron errores. Pero hoy están lejos de ser el ogro que no respeta los tratados internacionales, ni las reglas democráticas como denuncia el Presidente. Esta declaración suya no es aislada y se suma a esa parte de él que quiere terminar con el capitalismo. ¿Y reemplazarlo por qué sería? El capitalismo no es perfecto pero es mejor que todas las alternativas conocidas. Los países a los cuales nos gustaría parecernos, como Noruega o Nueva Zelanda, son todos capitalistas hasta la médula. Si hasta Suecia tiene vouchers para la salud y la educación, que acá les repugnan.

El socialismo comunista, el peronismo, el chavismo o el fascismo son todas versiones de una historia tan antigua como la humanidad, de una elite que, su pretexto de representar el pueblo, se toma el poder para someter política y explotar económicamente al resto. La Ilustración y su hijo, el capitalismo democrático occidental, liberó al hombre de las cadenas de la tiranía política, de la pobreza económica y de la discriminación racial, social o sexual. Eso no lo hizo ni el fundamentalismo islámico, ni el comunismo, ni menos el tercermundismo pobrista al que adhiere el Presidente.

El caballero tiene que ser consistente. Uno no puede luchar por un mundo global e integrado en lo político pero ser nacionalista, estatista y proteccionista en lo económico. No se puede pasar de criticar a las multinacionales para después invitarlas a invertir en Chile. Nuestro problema es que el gobierno lo lideran jóvenes que tienen ideas viejas que no funcionaron en ninguna parte y que el mundo las abandonó por injustas, inmorales e ineficaces. Pero en Chile tenemos un Presidente que ignora la historia y se deja llevar por estereotipos pueriles. Un cínico decía, no sin razón, que los prejuicios son un gran ahorrador de tiempo porque nos permite opinar sin tener que esforzarnos en verificar los hechos. Tal vez sea hora que nuestro Presidente deje por un rato de leer poesía y lea algo de políticas públicas, para que recuerde que se hace campaña en verso pero se gobierna en prosa.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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