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El Mercurio: La Ilustración Escosesa y sus ecos ayer y hoy  Publicado en El Mercurio, 05.05.2024

El Mercurio: La Ilustración Escosesa y sus ecos ayer y hoy 

EI siglo XVIII la población de Escocia apenas se empinaba al millón y medio. Era un país pobre y frío, con escasos habitantes y poco fértil, salvo en el campo de las ideas, donde se vivía una gran efervescencia.

Su caldo de cultivo fue una red de escuelas parroquiales, varias prestigiosas universidades —en Edimburgo estudió Charles Darwin— y una serie de cafeterías que, sin eliminar a los bares, se convirtieron en animados lugares de debate.

También habría influido la unión con Inglaterra, que aminoró el aislamiento escocés.

Y aunque en Chile tuvimos instalado al marinero John Selkirk en una remota isla del Pacífico (luego inspiraría la novela Robinson Crusoe), al aguerrido Lord Cochrane en la Independencia y a ilustres descendientes de escoceses desde Enrique Mclver a Sergio Livingstone—, el fenómeno de la Ilustración escocesa es poco conocido, tal vez por el carácter más francófilo que tuvo nuestra sociedad .

Este desconocimiento se puede remediar ahora con la amena lectura del libro «La ilustración escocesa. Cómo fue que los escoceses crearon el mundo moderno», con prólogo de Leonidas Montes. Escrito hace algunos años por el historiador y académico Arthur L. Herman, es la primera edición en español de la obra, best seller en los listados de libros más vendidos del New York Times (2001). Fue coeditada en Chile por la Fundación para el Progreso (FPP) y Red Cultural y su autor conversó desde Washington con «El Mercurio».

—Es llamativa la pléyade de figuras que aparece en su investigación. ¿Alguna aún le parece muy intrigante?

Todos ellos son personas fascinantes, cada uno a su manera. Supongo que David Hume es el más intrigante: el escéptico religioso que llegó a ver el valor de las creencias y las instituciones religiosas; el erudito que comprendió la importancia del capitalismo y el comercio para cambiar la sociedad y los seres humanos para mejor (en general); el acérrimo patriota británico que se convirtió en partidario de la lucha de los colonos americanos. Las paradojas y contradicciones abundan y hacen de él una figura fascinante.

—Han buscado «cancelar» a Hume. ¿Con éxito?

No, en absoluto. El esfuerzo por anular a Hume centrándose en una o dos frases de sus comentarios sobre los africanos y las sociedades africanas de su época, es claramente un esfuerzo por excluir a pensadores que no son marxistas o de inspiración marxista, no solo a Hume. La revolución que ocurre en nuestras universidades y medios de comunicación me parece una revuelta contra el pensamiento, que se intenta sustituir por la ideología, y la diversidad intelectual por la conformidad ideológica. Hume no se sorprendería; vio cómo la intolerante iglesia de su época (Kirk) intentaba hacer lo mismo. No funcionó; no funcionará ahora, las mentes libres e independientes seguirán trabajando.

El sentido común

En la obra de Herman destaca el capítulo que aborda a los inmigrantes escoceses en Norteamérica y su influjo en la Constitución. También el análisis de cómo el modelo de las universidades escocesas fue crucial para el desarrollo de instituciones como Princeton y Pensilvania, bastiones de la independencia (el escocés John Whiterspoon, uno los padres fundadores, fue quien reformó Princeton, donde se forman James Madison y su alumno y discípulo Hamilton).

—Pese a toda esta irradiación, ¿por qué la Ilustración escocesa es menos conocida que la francesa?

Es algo que no solo ocurre en Sudamérica, sino también en Europa, Estados Unidos y el resto del mundo. Hay una razón clave: la Ilustración francesa contribuyó a la mayor explosión de revoluciones y de imperios de la historia, incluida la revolución de 1789 y luego Napoleón. La influencia de la Ilustración escocesa, en cambio, fue gradual y pacífica y se convirtió, en última instancia, en el detonante de reformas económicas y constitucionales, no de revoluciones y guerras. Hume y Smith pueden parecer aburridos en comparación con el Reinado del Terror y Napoleón, por no hablar de las revoluciones comunistas. Pero la pregunta es quien contribuyó más a la libertad y prosperidad.

—Aunque sus participantes eran heterogéneos, ¿se puede sintetizar este movimiento en ciertos principios?

Bueno, en primer lugar está la idea de que son los derechos de propiedad los que hacen que los derechos del Hombre sean reales y permanentes, y no al revés. La Revolución Francesa intentó invertir ese orden, con resultados desastrosos, entonces y hoy. Y en segundo lugar, el pensamiento de que las interconexiones sociales que hacen posible el capitalismo y una economía de intercambio, también nos hacen más humanos y tolerantes con los demás, incluso cuando avanzamos en nuestro propio interés trabajando con ellos.

—La limitación del gobierno también es importante.

Así es, la perspectiva de que el papel del gobierno debe ser necesariamente limitado, pero también será complejo a medida que avance la sociedad y se desarrollen las economías. La gobernanza es una cuestión de equilibrio entre el deseo de libertad y la necesidad de orden. Ese fue el regalo imperecedero de los escoceses en el proceso de elaboración de la Constitución de Estados Unidos, como explico.

Según Hume, la lucha entre la libertad y la autoridad es perenne y nunca se resolverá con la ventaja total de una sobre la otra. Lo mejor que podemos esperar es un equilibrio dinámico, en el que cada una se haga más fuerte y más eficaz al responder a la otra.

—El libro habla de la «filosofía del sentido común».

Así es. La filosofía escocesa del sentido común de Thomas Reid surgió como respuesta al escepticismo de David Hume, pero en realidad complementaba las dudas de Hume sobre el valor de la razón pura, tuvo un enorme impacto en la filosofía y la educación estadounidense. Es un legado clave, aunque infravalorado, de los pensadores escoceses.

Abuelo, padre e hijo 

«Menos glamorosa, pero más robusta y original" . Así caracteriza Arthur L. Herman a la Ilustración escocesa. Carácter en el que coincide Fernando Claro, director de FPP. «Su rasgo libre y popular la hace justamente más robusta, ya que se funda en la mente de los ciudadanos y familia. En el libro se explica que durante el siglo XVIII la sociedad escocesa era de las más alfabetizadas del mundo debido, en teoría, a una política explícita delante de su Iglesia, la Kirk. Hutchenson, Smith y Hume escriben además con claridad para el pueblo».

—Herman dice que la Ilustración escocesa tuvo un abuelo mal genio (Lord Kames), un padre religioso (Francis Hutcheson) y un hijo descreído (David Hume). ¿Cual sería entonces el rol de Adam Smith?

Dice que Adam Smith hace una síntesis de las ideas de estos pensadores. Hutcheson habría visto la moralidad como algo innato de nuestra especie, que además tenía que ver con la conquista de la felicidad propia y la de los demás, mientras que Hume sostenía que tenía que ver con algo exógeno, fruto de nuestras emociones y convenciones sociales. Smith toma a las dos y argumenta que la simpatía - empatía hacia los demás, algo que sería menos abstracto que la moralidad en Hutcheson— y nuestra moral, son fruto de múltiples factores: en parte de una tendencia natural nuestra, pero también conformados en función de nuestra experiencia y emociones.

Lord Kames relevaba la tendencia natural a ser propietarios de diferentes cosas que tiene todo ser humano y Hume, a su vez, releva el actuar en función del propio interés, que era importante en Kames pero nunca tanto como en Hume, al parecer.

—¿Cómo se explica que las directrices de la iglesia escocesa terminaron en un movimiento que enfatizaba el poder de la razón y la experimentación práctica?

El libro defiende la tesis de que fue la ley que exigía una escuela en cada parroquia la que alfabetizó a los escoceses, la que habría sido fundamental en la ilustración de los ciudadanos. Esta paradoja la resalta el mismo Herman como una «consecuencia indeseada». Pero este efecto puntual está en discusión, según el mismo autor. No me parece tan paradojal que un religioso allane el camino para la razón, si se considera que hay iglesias y religiones que conviven mejor que otras con la ciencia, la modernidad y el desarrollo económico fruto de la libertad. En la historia de la humanidad, fue el libre intercambio de ideas y la ascensión del liberalismo lo que empezó a cuestionar la desigualdad legal de las mujeres y la esclavitud, así como posibilitó la revolución industrial, gracias a la libre creatividad que se concretizó en inventos y el libre comercio. De ahí la importancia de las ideas, tan olvidada en Chile en los últimos treinta años. 

La eclosión de cultura, ciencia y tecnología 

A las figuras de influyentes pensadores escoceses, como Hume, Smith, Ferguson y Reid, se suman a través de los siglos XVIII y XIX otras figuras geniales, algunas en ámbitos más prácticos. «James Watt perfeccionó la máquina de vapor que posibilitó la Revolución Industrial; Thomas Telford aportó en canalizaciones y caminos; Henry Bell se dedicó a los barcos a vapor, y George Stephenson a los trenes. Está también Richard Arkwright, que creó la primera máquina hiladora de algodón y de cuya sociedad con David Dale nació una empresa-pueblo, New Lanark, que le dio ideas al yerno de Dale para un socialismo utópico que exportó, sin éxito, a Estados Unidos», explica Fernando Claro. «También hay importantísimos hombres para la medicina y sanidad pública. En literatura está James Boswell y su famoso libro sobre la vida de Samuel Johnson, y también los escritores que el libro de Herman describe como forjadores de la identidad nacional: Walter Scott y Robert Burns. Y en arquitectura está el crucial legado de los hermanos Adam».

Lluvia, café y filosofía en Escocia

Ya en el siglo XVII comienzan a llegar remesas de café a Escocia y pronto el brebaje se convierte en un elemento clave en la vida pública escocesa. En torno al café surgieron conversaciones sobre democracia, mercado y comercio y las cafeterías se convirtieron en centros neurálgicos de la llustración Escocesa, donde bullían pensadores, escritores y filósofos, pero también clérigos, carreteros y obreros, según relata el libro de Arthur Herman.

Las primeras cafeterías o coffee shop se abrieron en 1673. Se tomaba café (no muy bueno), se discutía y se debatían periódicos y panfletos. En Edimburgo, "Robertson's Land" quedaba cerca de Parliament Square y en Glasgow los empresarios enriquecidos por el tabaco también se reunían a tomar café, que viajaba desde Holanda, país que recibía cosechas de lugares como Java y Yemen.

«Era una bebida que inmediatamente se convirtió en inextricablemente masculina, ya que estaba fuertemente asociada al mundo de la política, el comercio y los negocios», explica un documento del National Trust de Escocia. «El café se convirtió en la moda, aunque estaba lejos de los refinados brebajes actuales. A menudo se elaboraba en grandes cubas y algunos establecimientos lo dejaban enfriar y luego lo recalentaban. Se creía que el brebaje inspiraba, pero no intoxicaba, por lo que conducía a un debate razonado y a menos peleas que en los bares», escribe en «The Scotsman» Susan Morrison.

«Había una transferencia del conocimiento popular, a diferencia de Francia, donde los diálogos eran más elitistas», dice Fernando Claro. Según el director de FPP, «en Escocia hay una sociedad civil fuerte, abundaban los clubes, aparecen revistas y había libre expresión y circulación de ideas. Un mundo intelectual más allá de la academia». 

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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