Capitán en fuga
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Publicado en El Mostrador, 15.10.2023
Publicado en El Mostrador, 15.10.2023 En Chile, probablemente producto de varios factores, entre estos el fuerte influjo de las redes sociales, los menores niveles de lectura y una cada vez más debilitada educación, se ha elevado al nivel de eminencias a figuras que tienen un notorio carácter de histriones. En un contexto donde predominan el postureo y la indignación virtual por sobre las opiniones fundadas e incluso políticamente incorrectas, el influencer es amo y señor.
El influencer se convierte en el nuevo especialista. Así, pueden pasar de recomendar dietas veganas a analizar el conflicto palestino israelí en horas, todo mediante bien elaboradas performances según la causa y el hashtag que esté de moda en ese momento. Esto, además, se torna un negocio muy rentable para los influencers, por lo que intentan abordar una variedad amplia de asuntos. Entonces, ya no sólo recomiendan recetas de comida o combinaciones de ropa, sino que advierten sobre los efectos de tratados internacionales o dan su apoyo a programas políticos, aunque probablemente ni siquiera los han leído.
«El propio Presidente Gabriel Boric oficia de influencer. Aquello lo denota la polémica respecto de su primera reacción, a través de una red social, frente al ataque terrorista del grupo Hamás en Israel. Cada tanto, el mandatario da muestras de una excesiva teatralización en sus modos».
La política chilena también está cada vez más permeada por la lógica del llamado influencer, que funciona esencialmente mediante el gesto exacerbado, que se espera sea registrado para luego viralizarlo. Ejemplos de esto hay muchos, como los diputados del Frente Amplio que, para manifestar su apoyo a Palestina frente al embajador de Israel, se pusieron pañuelos que simulaban un Kufiya. O como Gaspar Rivas, que se colocó una supuesta placa de sheriff en pleno Congreso. O como cuando el diputado del Partido Republicano, Cristóbal Urruticoechea, difundió su foto caminando con un incendio forestal detrás. Pura pose. Como decía Ortega y Gasset «Un político puede hacer los gestos que quiera: como individuo nos parecerá un mentecato; pero no extraña, no sorprende, en su aire de “personaje”».
El propio Presidente Gabriel Boric oficia de influencer. Aquello lo denota la polémica respecto de su primera reacción, a través de una red social, frente al ataque terrorista del grupo Hamás en Israel. Cada tanto, el mandatario da muestras de una excesiva teatralización en sus modos, de ser un histrión escondido bajo una falsa modestia, lo que se refleja en exabruptos con embajadores, trabajadores de la prensa o comentarios al voleo, que responden más a los modos de un dirigente estudiantil que a los de un jefe de Estado.
Por eso mismo, tampoco es extraño que la prensa se enfoque, por ejemplo, en lo que cada tanto hace la pareja del mandatario, Irina Karamanos, aun cuando no cumple función alguna en el gobierno (pues no es primera dama) ni es relevante como dirigente partidaria. Es más bien, en términos estrictos, tal como diría Ortega y Gasset, un personaje. Parte de nuestra nueva farándula política.
Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.
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