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El feminismo y sus excusas Publicada en Agricultura, 20.12.2023

El feminismo y sus excusas

imagen autor Autor: Antonia Russi

El pasado domingo Michelle Bachelet respondió a las críticas sobre su participación en la campaña electoral. Le llamó la atención que nadie reprochó las opiniones del resto de los expresidentes. «A la única que critican es a mí» y se preguntó si había machismo de por medio. El reclamo de la expresidenta fue levantado, mayoritariamente, por mujeres defensoras de la opción «A favor», y fue una respuesta a la censura que muchos hicimos al comportamiento de la exmandataria en campaña. Especialmente, por la difusión información falsa respecto al aborto y los derechos de las mujeres.

Este ejemplo, muestra uno de los principales problemas de las derivas colectivistas, y, para ser más precisos, evidencia, manifiestamente, el problema del feminismo hegemónico y la infantilización de la mujer. Esto se explica ya que, en primer lugar, al totalizar la realidad dialécticamente, todos los problemas que los sujetos son incapaces de tolerar siempre encuentran un victimario. Siendo en este caso el supuesto machismo estructural de nuestra sociedad. En segundo lugar, la frase de la exmandataria, además de errada, demuestra cierta infantilización al contraargumentar a sus legítimas detractoras desde un relato victimista.

«Hoy en día, siglos de lucha femenina se están utilizando como un arma política e incluso jurídica, y en vez de difundir relatos de lucha, trabajo y empoderamiento femenino real, se están mitificando discursos basados en la victimización, el narcisismo y el autoritarismo».

Lo que dice, primero no es cierto, los hombres, sobre todo en altos cargos, son criticados constantemente, porque las personas que gozan de liderazgo deben aceptar que serán exigidas y reprochadas como consecuencia de su posición y, por qué no decirlo, por su éxito. Junto a esto, no deja de sorprender que la exmandataria y otrora alta comisionada de la ONU, se escude en el machismo para defenderse de críticas, la cuales están sostenidas en argumentos bastante sólidos y por mujeres chilenas líderes que discutían sus ideas legítimamente. En el presente, se usa la figura de Michelle Bachelet como un síntoma del fenómeno contemporáneo del feminismo hegemónico. Dado que su figura, como primera presidente chilena, es muy interesante de analizar.

La historia del empoderamiento femenino ha dado muchas vueltas. Erika Bachiochi, por ejemplo, habla de cómo este movimiento ha derivado en algo totalmente contradictorio a lo que defendía en sus orígenes, lo que se puede observar al comparar la obra de Mary Wollstonecraft u Olimpia de Gouges, ambas pioneras de la defensa de la igualdad ciudadana femenina, con lo que las actuales líderes feministas persiguen. Sin embargo, estas autoras defienden un concepto clave: la libertad política y cívica de las ciudadanas, y con ello el cese de la restricción de la capacidad jurídica de la mujer. Esto quiere decir que las autoras del feminismo buscaban ser consideradas por el Estado y la sociedad como adultas autónomas e independientes. Libres y responsables de su propio proyecto vital. Responsables, porque comprendían que la libertad del propio actuar tiene consecuencias, de las cuales solo ellas, en cuanto sujetos de derecho, podían responder. Por lo tanto, el feminismo nunca se propuso liberar a la mujer de sus responsabilidades, sino más bien darles la libertad de asumirlas.

Lo lamentable es que hoy en día, siglos de lucha femenina se están utilizando como un arma política e incluso jurídica, y en vez de difundir relatos de lucha, trabajo y empoderamiento femenino real, se están mitificando discursos basados en la victimización, el narcisismo y el autoritarismo. No por nada, la historiadora francesa Élisabeth Roudinesco nos advierte que «el feminismo extremista puede desencadenar un régimen autoritario».

Por esto, acogerse a la desgastada carta del machismo solo decepciona y ensucia la imagen de la lucha femenina por la igualdad y sus libertades. Asimismo, es necesario quizás analizar responsablemente en el futuro de nuestro país y reflexionar sobre el mensaje que buscaremos transmitir a las nuevas generaciones de liderazgo ¿Acaso buscaremos motivar desde las excusas, la victimización y el resentimiento u optaremos por el del liderazgo, la responsabilidad, la fortaleza de carácter, el mérito y la libertad individual?

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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